¿Vuelven las “barracas” a Barcelona?

Una chabola de dos pisos llevó de nuevo a las páginas de la Vanguardia el problema de los asentamientos irregulares en el Poble Nou de Barcelona el pasado 6 de octubre. Ese mismo día, a raíz de esta imagen, en algunas tertulias radiofónicas se debatía sobre el retorno del “barraquisme” a la ciudad. Pero aunque estos asentamientos de chabolas hayan crecido en los últimos años, remitir a la audiencia al chabolismo del siglo XX genera una alarma social y percepción de invasión migrante susceptible de alimentar discursos higienistas.

La construcción de barracas empieza en Barcelona en los años 20 del siglo pasado para dar cobijo a las familias que llegaban a la ciudad en busca de oportunidades laborales en la industria. El fenómeno se convirtió en masivo entre los años 40 y los años 60 dando lugar a los poblados de Somorrostro, la Perona, el Camp de la Bota, Tres Pins, Miramar o Santa Engracia entre muchos otros eclaves que pasaron a formar parte del entramado urbano. El Somorrostro, el barrio de chabolas más emblemático, desapareció en 1966 con el derribo de las últimas viviendas precarias y el realojo de sus habitantes a bloques de pisos de La Pau y de Sant Roc, en Badalona. El desalojo y reubicación de las familias que vivían en el Carmelo, última zona chabolista de la ciudad que albergaba a más de 40.000 personas, se inició en el año 1977.

La lucha de los habitantes de las barracas fue clave para transformar Barcelona. Para hacer llegar los servicios públicos a barrios nacidos de la autoconstrucción informal y de la necesidad de miles de personas que vivían sin agua corriente, sin escuelas, sin líneas de autobús… Las organizaciones vecinales lucharon y negociaron condiciones de acceso a la vivienda de las familias de las barracas que fueron realojadas en barrios de nueva construcción en la ciudad de Barcelona o en otros municipios metropolitanos como Badalona, Sant Adrià del Besòs, Sant Boi o El Prat del Llobregat.

Igual que entonces, los asentamientos irregulares de 2018 son consecuencia de la combinación de falta de acceso a la vivienda y de los problemas en la acogida de personas migrantes. Pero el contexto es tan distinto que cualquier comparación peca de sensacionalismo. Hoy viven en construcciones irregulares en Barcelona menos de 600 personas. La mayor parte de ellas viven de la recuperación de chatarra y otros residuos que clasifican y almacenan en los solares cerca de sus viviendas. Se trata de personas sin nacionalidad española y, en muchos casos, pertenecientes a minorías perseguidas y estigmatizadas en toda Europa y, en especial, en sus países de origen.

Hoy, los problemas de acceso a la vivienda no se expresan en forma de poblados de chabolas, sino en precariedad habitacional escondida en los inmuebles ya construidos. Hay entre 12.000 y 15.000 personas viviendo situaciones de exclusión residencial severa: en condiciones de hacinamiento, en pisos sin suministros, en situaciones de ocupación ilegal, de insalubridad… en centros residenciales para personas sin hogar, o en la misma calle. El impacto que causa ver chabolas e infraviviendas en solares adyacentes a espacios de coworking y empresas tecnológicas, con rascacielos emblemáticos de fondo, podría ser el gancho mediático para plantear las preguntas de fondo sobre las ciudades del siglo XXI.

En el siglo XX, las infraviviendas en forma de chabolas se erradicaron por el crecimiento, a menudo descontrolado, de las ciudades. Un crecimiento que dio lugar a barrios de viviendas de escasa calidad que sufrieron también el estigma de marginales. En 2018, las ciudades como Barcelona se enfrentan a una paradoja de difícil solución: ofrecen oportunidades para obtener ingresos en la economía formal però también en la informal, mientras niegan la posibilidad de acceder a una vivienda a una parte cada vez más grande de la población.

La exclusión administrativa, social, y económica alimentará los asentamientos mientras haya solares disponibles y chatarra que recuperar. Y si no hay solares, las mismas personas ocuparán otros espacios en infrautilizados. Desde los servicios sociales, las entidades o los movimientos vecinales, se puede ofrecer apoyo para que algunos de los habitantes de los asentamientos encuentren alternativas de empleo y habitacionales, para garantizar la cobertura sanitaria, para orientarse en el laberinto de la obtención de permisos de trabajo y de residencia… Pero las “barracas de dos pisos” deberían provocar reflexiones sobre las políticas migratorias, la dejadez de décadas en políticas de vivienda para los sectores más vulnerables de la sociedad, y la dimensión supramunicipal de los problemas que se expresan en las calles de las grandes ciudades.

Anuncis

Trapped in Barcelona: The links between rising rent and homelessness

By Albert Sales and Laura Guijarro

[article originally published in Spanish on CTXT.es: enlace a la versión en castellano]

In most peoples’ minds, homelessness is rarely linked to rising rental prices. It is well-established in the social sciences that evictions rarely lead someone directly to sleeping on a park bench or in an ATM building. If this were the case, in a city like Barcelona where evictions have grown dramatically in recent years, there would not be 950 people sleeping in the streets, but many, many more.  

But this does not mean that increasing rental prices have no direct or indirect effect on the scale and persistence of homelessness in all its forms. In the last two decades, several studies have shown that difficulties in accessing stable housing increase the risk of poverty and social exclusion.  In this sense, high rent substantially increases social vulnerability. As a result, the new housing bubble affecting Spain, and Barcelona in particular, is condemning the city’s most impoverished people to a situation of chronic residential exclusion.

Ricardo is in his fifties. After a year and a half sleeping in the street, a team of social workers convinced him to enter a municipal homeless shelter. Eight months later, he entered a residential center, where he received support for another year and a half. This gave him time to look for a job and begin a new life as a night watchman, earning roughly 450 euros per month. After gathering up some savings, he began to look for a place he could call home. It’s been seven months and he is still looking. Ricardo is one of the many formerly homeless people receiving social assistance for whom employment is not enough to allow for an autonomous life and distance from the support provided by social services and non-profit organizations.

Maria, 47, ended up living in the street after spending two years with no income at all. After two weeks in her hometown, she left to try her luck in Barcelona. The anonymity of the big city made it easier for her to approach social services, NGOs and churches for help. She entered a shelter where they helped her apply for welfare, and she now receives just under 500 euros a month. Though she has been unable to find another source of income, administrative barriers prevent Maria from extending her stay in the shelter. With what she has managed to save, she is trying to find stable accommodation. Meanwhile, she is living in the cheapest bed she has found in the city, a youth hostel that costs 15 euros a night. She relies on soup kitchens every day to reach the end of the month.

At age 64, Francisco is counting the days until he can receive a minimum non-contributory pension of 480 euros per month. Thankfully, he has never had to sleep in the street. When he lost his home, social services found him a homeless shelter to stay in until he reaches the retirement age. He spends his time trying to find a room for when he has to leave the shelter, but even though he never expected any luxury, he has grown increasingly discouraged as he has seen rental prices rise on the most common rental sites. If he stays in the city, he knows that all of his income will be spent on avoiding life on the streets.

One of the objectives of social work is to help people achieve personal autonomy. The three people described above are perfectly capable of managing their daily lives without the need for professional support. They are in good health, they have rebuilt a network of social relationships and they have achieved some emotional stability. But despite having relatively stable sources of income, the amount they receive is absolutely insufficient to survive in Barcelona, ​​where decent housing has a minimum price of 800 euros a month, a room costs 350 euros and a bed in a hostel costs at least 20 euros a day.  

The absence of affordable housing forces Ricardo, María and Francisco to depend on social services. To eat every day, they must go to soup kitchens. To stretch their income, they continue to rely on non-profits and NGOs providing economic aid and services that they cannot access through the market. This includes everything from personal care to transportation and leisure.

Given their residential instability, the most appropriate institutional response to these situations would seem to be to either prolong their stays in residential centers or provide a permanent home. But resources are limited. A constant inflow of people into situations of severe residential exclusion is overwhelming services that were designed to provide temporary support and the stability necessary to regain autonomy. Centers that were designed for temporary stays are becoming centers for long-term stays, with many residents living in them for over a year and a half. As homeless people prolong their stays, entry into the residential centers becomes increasingly difficult.

One might think that economic rationality would lead people facing residential exclusion to leave Barcelona. But leaving the city involves a number of costs that many simply cannot afford. Leaving the big city may make it easier to access cheaper housing, but this doesn’t necessarily compensate for the added costs involved in living far away from the meager employment opportunities the city provides with its more diverse economy. How much of his 450 euro a month salary would Francisco have to spend to commute to his job as a night watchman if he moves to a municipality with more affordable rent? How far would he have to travel?

For those living on non-contributory pensions or minimum incomes, staying in the city also allows them to benefit from the services offered there exclusively, such as soup kitchens, day centers, libraries, civic centers and social services that can prevent a possible relapse. When María went to the social services in her hometown, she was told that the municipality had no resources for her and that it was best to look for support through Barcelona’s social services or one of the many NGOs and non-profits based in the city.

So even in terms of economic rationality, leaving Barcelona is not as viable as one might expect for the city’s most impoverished people. Beyond these monetary calculations, there are other powerful reasons for why a homeless person would not want to leave their city or neighborhood. For instance, homelessness is often characterized by extreme loneliness. If the city’s streets are precisely where people in this situation build their fragile support networks, leaving that environment for a new and unknown set of streets can also be risky.

Rising rent prices and legislation that puts tenants at a severe disadvantage produce of several kinds of evictions. A growing part of Barcelona’s population is being forced to leave the city as a result of accelerating gentrification and population substitution. A growing number of people with very precarious jobs in the services and tourism sectors can neither afford a decent home nor live outside the city as a result of the costs associated with the commute. This increases the number of people in substandard housing situations. In the most extreme cases, these situations turn into homelessness, thus feeding the circuit of social services oriented towards homeless people and the vicious cycle of long-term stays in residential centers and shelters. As a result of prolonged social exclusion, many of our neighbors find themselves in a sort of limbo between expulsion from the housing market and the scraps from Barcelona’s economic dynamism.

According to data from the City of Barcelona and the Network of Attention to Homeless People, an estimated 900 people sleep in the streets every night. Around 2,000 stay at either municipal shelters or residential centers provided by NGOs and non-profits, and roughly 400 live in abandoned warehouses or plots. While it is difficult to quantify in precise terms, municipal sources estimate that some 12,000 people live in substandard or unhealthy conditions, overcrowded flats, housing under imminent threat of eviction or squats.

When the right to decent housing is not protected and access to affordable housing is not guaranteed, the system of services providing care for the homeless becomes a dead end. The people served never stops growing, as people transit endlessly from the street to the shelters and back, unable to live with autonomy and dignity.

“Les persones sense llar no som bonsais que els professionals han de modelar”

Reunió del grup de treball sobre sensellarisme del CMBS amb l’alcaldessa de Barcelona

La setmana passada, l’alcaldessa Ada Colau es va reunir amb el grup de treball sobre sensellarisme del Consell Municipal de Benestar Social. Un grup format per persones que en algun moment o altre han viscut al carrer, i que coneixen bé centres residencials i els serveis municipals de suport a les persones sense llar i les entitats especialitzades en el tema.

El Consell Municipal de Benestar Social (CMBS) està format per persones adscrites al teixit associatiu de la ciutat. Els grups de treball estan coordinats per persones expertes en les temàtiques que es tracten, sovint provinents del món universitari. El CMBS formula propostes anualment a l’administració municipal a partir de les sessions de treball d’aquests grups des de 1988. Moltes d’aquestes propostes s’han anat incorporant a les polítiques públiques municipals, d’altres han generat debats clau entre el teixit associatiu de la ciutats, els moviments veïnals i els partits polítics.

El grup de treball sobre sensellarisme és un grup molt peculiar. No reuneix a professionals d’entitats socials ni a estudiosos universitaris, sinó que recull l’expertesa de l’experiència personal. Es va constituir per fer aportacions al Pla de Lluita contra el Sensellarisme 2016-2020 i per fer seguiment posterior dels compromisos adoptats per les entitats de la Xarxa d’Atenció a les Persones Sense Llar i per l’Ajuntament. Durant aquests més de dos anys de funcionament el grup s’ha reunit amb responsables municipals de diferents àrees per debatre l’efecte de decisions tècniques i polítiques en la vida de les persones sense sostre i sense llar i per qüestionar metodologies de treball i de relació entre professionals i persones ateses.

Té molt mèrit mantenir l’entusiasme i la implicació en el consell mentre vius a una habitació de relloguer i encadenes feines precàries, mentre busques la manera de recuperar la teva vida en un centre residencial, mentre lluites contra les traves infinites per aconseguir permís de residència i de treball… Reunir-se amb l’alcaldessa ha estat una fita important tant per l’oportunitat de debatre les prioritats en les polítiques d’habitatge i de serveis socials de l’Ajuntament, com per fer un pas més en la dura tasca de trencar els estigmes que recauen sobre les persones que han viscut les formes més dures d’exclusió social i residencial. 

Li deia una de les components del consell a l’alcaldessa: “Vaig arribar a Barcelona perquè aquí hi ha polítiques socials. Els serveis socials del meu poble no m’oferien res. Tot i alguns conflictes, els serveis socials d’aquesta ciutat m’han salvat la vida. Però 6 anys després encara no he aconseguit tornar a treballar i normalitzar la meva vida. (…) Quan et quedes al carrer no has fet res mal fet… només t’has quedat sense res. Però has d’anar demostrant a tothom que ets bona persona. Necessites més de tres mesos per què el teu “referent” als serveis socials confiï en tu com a persona autònoma i capaç de gestionar la pròpia vida. (…) Les persones sense llar no som bonsais ni figures de fang a les que els professionals han de modelar. Necessitem confiança i accedir a un habitatge”.

Com deia abans, reunir-se amb l’alcaldessa és important però és una fita més en un camí en el que els membres del grup han traslladat la seva visió del sensellarisme i les seves vivència a responsables tècnics i polítics municipals, a entitats, a la resta de membres del Consell Municipal de Benestar Social… incidint sobre les polítiques però també trencant prejudicis i canviant els estereotips sobre les persones que s’han trobat, en un moment de les seves vides, dormint al carrer. 

 

photo5897813262706257494

El negocio global de la vivienda para “pobres”

A principios de septiembre, varios medios de comunicación se hicieron eco del proyecto de una empresa que pretendía comercializar habitáculos de 1,2 metros de alto y ancho por 2,2 de largo, a 250 euros al mes, para “dar la posibilidad de acceder a una vivienda a las personas con recursos económicos restringidos”. Se presenta así un negocio que aprovecha la ecasez de vivienda asequible como solución innovadora a los problemas de “los pobres”. ¿Quién desearía vivir en una habitación en la que la mayor parte de personas adultas no pueden ni ponerse de pie? ¿Quién estaría dispuesto a pagar 250 euros al mes por un agujero de colmena en el que dormir? Alguien que necesite permanecer en la ciudad para subsistir y que no pueda permitirse pagar los desorbitados precios de un piso convencional o de una habitación.

La ciudad atrae y atrapa. En los últimos años hemos visto como la mejora de los indicadores macroeconómicos ha generado una reactivación del sector inmobiliario que está excluyendo del acceso a la vivienda cada vez más gente en las ciudades europeas. En Berlín se registraron el año pasado 30.000 personas durmiendo en residencias temporales y de acogida, 10.000 más que en 2016. En el último recuento de personas sin hogar realizado en París en febrero del 2018, se anotaron 3.624 personas sin techo en una sola noche. Si añadimos a las alojadas en los albergues de la ciudad abiertos en invierno, la cifra asciende a más de 5.000 personas. En Bruselas, el número de personas durmiendo en la calle se duplicó entre 2014 y 2016, llegando a 707 personas. Desde el 2010, el número de personas que duermen en la calle en el Reino Unido ha crecido un 135%.

La actividad económica hace que en las grandes ciudades haya más posibilidades de ganarse la vida pero, al mismo tiempo, es en las metrópolis donde es más complicado acceder a una vivienda. Esta paradoja del proceso de modernización abre grandes oportunidades de inversión. En las últimas décadas, la adquisición de viviendas y de suelo urbano ha sido un imán para inversores grandes y pequeños en todas la grandes urbes del mundo. En su libro Planeta de Ciudades Miseria, Mike Davis aporta infinidad de datos sobre el negocio de la infravivienda en conurbaciones como Ankara, El Cairo, Accra, Dacca, Sao Paulo, Quito o Nairobi. Los expulsados del campo por las transformaciones de la producción agraria y por la acumulación de tierras en manos de grandes terratenientes emigran a las ciudades donde sólo pueden permitirse pagar el alquiler de infraviviendas o de pequeños terrenos para edificar sus chabolas.

Sobrevivir de las migajas de las ciudades globales requiere encontrar un lugar donde vivir. Los salarios de explotación o los ingresos inestables de actividades económicas marginales no permiten acceder a una vivienda propia ni en las ciudades miseria del Sur, ni en las ciudades marca globales del norte. En estas últimas, la oferta de alojamientos insalubres ha crecido en paralelo al incremento de personas sin techo y de la exclusión residencial en todas sus formas. En Barcelona o en Madrid, bajo el nombre de “estudio” se ofrecen agujeros en los que disponer de una mesa para comer es un auténtico lujo.

Proporcionar nichos para dormir, viviendas insalubres o habitaciones sobreocupadas a precios desorbitados, no es ninguna solución a la exclusión residencial. Por mucho que se vista de innovación social de diseño, cobrar 250 euros por un agujero hexagonal donde dormir es someter a los inquilinos a una doble explotación: la de unos empleadores que pagan salarios que no permiten escapar de la pobreza y la de unos propietarios que aprovechan la necesidad para aumentar la rentabilidad de cada metro cuadrado de ciudad.

 

30 minuts “Fora de tot: els sensellar”

El 8 d’abril, a l’espai 30 minuts de TV3 es va emetre el reportatge “Fora de tot: els sensellar” que planteja la problemàtica del sensellarisme i que contraposa la realitat de Finlàndia, l’únic país europeu que ha reduït el nombre de persones sense llar i sense sostre en la darrera dècada, i Catalunya.

En la meva opinió hi ha diversos aspectes del reportatge que el fan un document valuós. En primer lloc, les persones que hi apareixen com a testimonis i afectades pel sensellarisme trenquen amb les idees preconcebudes dels “sense sostre” que encara estan molt arrelades en la tradició mediàtica catalana. Mentre els diaris i mitjans digitals segueixen utilitzant fotos de persones pidolant o dormint entre cartrons per il·lustrar els seus articles, el 30 minuts del diumenge mostrava persones diverses que tenen en comú l’exclusió del mercat de l’habitatge i haver viscut la duresa de trobar-se, com diu el títol, fora de tot. Persones que apareixien davant d’una important audiència com ciutadanes i ciutadans, subjectes polítics i no objectes de polítiques o receptors de caritat.

En segon lloc, per primera vegada, l’Ajuntament de Barcelona ha obert les portes dels equipaments i dels serveis a les persones sense llar a un equip de periodistes de bat a bat i sense limitacions. Per arribar al producte final, un reportatge de mitja hora, l’equip s’ha documentat acompanyant als equips de carrer del Departament d’Intervenció Social a l’Espai Públic, coneixent el centre del serveis socials del Servei  d’Inserció Social – que dona cobertura a les persones que viuen a Barcelona sense poder acreditar un domicili-, i visitant equipaments residencials i pisos. 

El treball de documentació i la pròpia realització del programa han estat possibles gràcies a la col·laboració d’uns serveis que acostumen a ser invisibles per la ciutadania i que massa sovint són tractats amb molta duresa pels mitjans de comunicació. És d’agraïr que professionals i directives hagin dipositat la confiança en l’equip de TV3 per mostrar la realitat del serveis sense filtres ni reserves.

En tercer lloc, el programa mostra el sensellarisme com un problema d’accés a l’habitatge. Algunes persones vinculades a serveis municipals i d’entitats socials m’han comentat que havien trobat a faltar que es donés valor a l’acompanyament social. És cert que va quedar desdibuixada la tasca d’atenció i suport que realitzen educadores, treballadors socials i voluntariat. Però l’equip del programa va fixar l’atenció en la falta d’habitatge i d’estabilitat residencial. Professionals socials, investigadors i entitats, sabem que sense accés a l’habitatge podem paliar els efectes però no podem vèncer el sensellarisme.   

En quart lloc, el reportatge trenca amb el pensament màgic de la innovació social que darrerament envolta les polítiques públiques. Es fixa en Finlàndia i explica – en la mesura que poc més de mitja hora ho permet – que si en aquest país nòrdic s’ha aconseguit eradicar el fenòmen és per una combinació de polítiques públiques, plantejades a llarg termini, a nivell de país, i amb un consens polític que evita que les persones sense llar es converteixin en una arma partidista.

Europa viu una crisi d’accés a l’habitatge. A totes les ciutats europees – excepte les finlandeses – ha crescut desmesuradament el nombre de persones que dormen al carrer. Aquest increment coincideix amb la recuperació dels indicadors macroeconòmics i la remuntada dels preus dels habitatges que deixa totalment fora del mercat als estrats més vulnerables de la població i que precaritza les vides de molts milions d’europees i europeus. “Fora de tot: els sensellar” ens convida a deixar de considerar les persones sense sostre com problemes a l’espai públic per veure-les com l’expressió més brutal de l’exclusió de l’habitatge, i a teixir complicitats entre administracions i entitats per agafar la via finlandesa o, si més no, plantejar-nos una ruta pròpia inspirada en la garantia de drets.

Enllaç al programa:

http://www.ccma.cat/tv3/30-minuts/fora-de-tot-els-sensellar-a-30-minuts/noticia/2845026/

Article:  

Finlandia: Soluciones para los sin techo más allà del “Housing First”

http://agendapublica.elperiodico.com/finlandia-soluciones-los-sin-techo-mas-alla-del-housing-first
1521746741133

 

 

Finlandia: soluciones para los sin techo más allá del Housing First

(Artículo publicado el 23 de marzo de 2018 en Agenda Pública. Autoría: Albert Sales y Laura Guijarro)

El número de personas que se ven obligadas a dormir en la calle o en albergues no deja de aumentar, incluso en países que están experimentando un fuerte crecimiento económico, como Alemania. En Berlín se registraron el año pasado 30.000 personas durmiendo en residencias temporales y de acogida, 10.000 más que en 2016. En el último recuento de personas sin hogar realizado en París en febrero del 2018, se anotaron 3.624 personas sin techo en una sola noche. Si añadimos a las alojadas en los albergues de la ciudad abiertos en invierno, la cifra asciende a más de 5.000 personas.

Según el último informe (2017) de FEANTSA, la federación europea de entidades que atienden a personas sin hogar, Austria contabilizó 15.909 personas sin hogar en 2015, un 32% más que un año antes; en Bruselas, el número de personas durmiendo en la calle se duplicó entre 2014 y 2016, llegando a 707 personas; en Irlanda, el incremento fue del 25% entre 2016 y 2017 y se estima que en esa situación se encuentran 5.250 adultos y 3.124 niños; la cifra para Países Bajos fue de 31.000 personas en 2016, un 24% más que tres años antes; en Luxemburgo, el aumento entre 2012 y 2016 fue del 61%, tasa que en el Reino Unido asciende al 135% si se toma como referencia inicial el año 2010…

Leer el artículo completo en http://agendapublica.elperiodico.com/finlandia-soluciones-los-sin-techo-mas-alla-del-housing-first/

Estratègia d’Inclusió i de reducció de les desigualtats socials de Barcelona 2017-2027

[font: http://www.bcn.cat/barcelonainclusiva/ca/estrategiainclusio.html)

En el marc de l’Acord Ciutadà per una Barcelona Inclusiva, s’ha elaborat la nova Estratègia d’inclusió i de reducció de les desigualtats socials de Barcelona 2017-2027 articula amb objectius compartits, les actuacions d’inclusió social de l’Ajuntament de Barcelona i dels actors de la ciutat amb un horitzó temporal de deu anys, i promou la coproducció a través del treball en xarxa i l’impuls de projectes estructurants.

Com a resultat dels diferents espais de treball i participatius, s’ha elaborat el document de l’Estratègia en la qual han participat directament 167 entitats, organitzacions, xarxes i departaments municipals, i que incorpora un total de 892 projectes i serveis que impacten en la reducció de les desigualtats socials.

El document de l’Estratègia, aprovat per unanimitat al Consell de la Governança de l’Acord Ciutadà es va presentar el 9 d’abril al Saló de Cent de l’Ajuntament de Barcelona (Pl. Sant Jaume, 1).

Podeu trobar el document aquí:

[Ràdio] El rostre femení del sensellarisme

[Reportatge de Marta Molina per al Solidaris de Catalunya Ràdio]

Fa dos anys en aquest mateix programa vam entrevistar l’Antonio Cortiñas al parc on dormia quan es va convertir en una persona sense llar. Avui ens acompanya per posar rostre de dona al sensellarisme. Ens trobem amb la Cristina. Té 57 anys. Va perdre la feina i la casa de l’Eixample on vivia i es va trobar dormint al carrer. Avui ens convida a conèixer el que temporalment s’ha convertit en la seva llar, un lloc que l’Antonio també va freqüentar durant la seva etapa de vida sense llar.

http://www.ccma.cat/catradio/alacarta/solidaris/el-rostre-femeni-del-sensellarisme/audio/986549/

catradio

Bloc a WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: