Seguir la receta para dejar de ser sin techo

Albert Sales y Laura Guijarro

Imagina que vas al médico con una infección y te receta antibióticos. Empiezas el tratamiento y cuando ya te encuentras mejor lo dejas, antes de cumplir con la semana de medicación prescrita por el facultativo, la infección reaparece y cuando vas al médico le dices que sólo has tomado el antibiótico cuatro días. El médico te dice que has tomado la decisión equivocada y que has perdido el derecho a asistencia sanitaria, te echa de la consulta y te advierte que no te volverá a atender. Aunque en algunos sistemas sanitarios europeos ya se ha llegado a poner en duda el derecho al tratamiento público sanitario de personas fumadoras o con hábitos poco saludables, poca gente aceptaría esta reacción de un médico que, además, estaría faltando a su compromiso profesional.

Hace unos días nos encontramos a una persona que vuelve a dormir en la calle después de haber sido “atendida” durante algún tiempo por una organización. La entidad en cuestión contactó con él en la calle y le prescribió como “salir del sinhogarismo”. Le proporcionaron un acompañamiento focalizado en la obtención de ingresos económicos a través de la emprendeduría… de convertirse en emprendedor. Al igual que la persona que decidió dejar los antibióticos, esta decidió dejar el “tratamiento”, y a partir de ahí, la entidad le dijo que había tomado la decisión equivocada y que había perdido el derecho a la asistencia.

Comparar los servicios sanitarios con los servicios sociales tiene riesgos, pero a veces ayuda a situarse. Las entidades especializadas y los servicios sociales municipales ya cuentan que acompañar a una persona en su salida de la calle es un proceso largo, lleno de recaídas, y que choca con la falta estructural de vivienda asequible, de empleo digno y de garantía de ingresos. Las entidades de la Red de Atención a las Personas Sin Hogar de Barcelona (XAPSLL por sus siglas en catalán) trabajan sabiendo que parte del proceso de recuperación consiste en tomar decisiones, quizás equivocadas, pero desde la autonomía personal.

Los trabajadores sociales, las educadoras y educadores, se quejan a menudo de que atienden a las mismas personas una y otra vez. Desearían “perderlas de vista” para siempre … Ojalá todas las personas atendidas por el Programa de Atención a Personas Sin Hogar del Ayuntamiento de Barcelona, ​​por el Centro Asís, por Arrels Fundació, por San Juan de Dios, por Suara , por Sant Pere Claver … y por hasta 32 entidades agrupadas en la XAPSLL, no volvieran nunca más a las puertas de los centros residenciales, centros de día, pisos de inclusión … o a la calle. Pero cuando vuelven, se las atiende. Una y otra vez. Porque del mismo modo que un médico tiene la obligación laboral y la responsabilidad moral de atender a sus pacientes tantas veces como haga falta, todas aquellas personas, profesionales y voluntarias, que trabajan día a día atendiendo a personas sin hogar también la tienen y la asumen. Porque saben que tratan con personas y que esta condición conlleva el derecho a tomar decisiones, a equivocarse, a acertar, o toparse con dificultades inesperadas.

Es interesante aprender de iniciativas innovadoras para luchar contra el sinhogarismo. Pero resulta muy peligroso que personas o entidades critiquen los esfuerzos que ya realizan organizaciones de larga trayectoria argumentando que no son eficaces porque no acaban con el problema. Peligroso porque cualquier análisis serio confirma que el problema del sinhogarismo es un problema de vivienda y que las entidades, como los servicios sociales municipales, intentan gestionarlo pero no tienen las herramientas para proveer vivienda ni para frenar escaladas especulativas. Y peligroso porque transmite la idea de que quien se enfrenta desde hace décadas está malgastando recursos y que no consigue resultados, cuando el trabajo de tantos profesionales y voluntarios sirve para hacer frente a los dramas vitales de miles personas.

Nuestro conocido, el que tomó decisiones equivocadas, vuelve a ser atendido por los servicios sociales, mientras la entidad que ha dejado de apoyarlo asegura que puede acabar con el sinhogarismo con un presupuesto mucho más reducido que cualquiera de las “entidades tradicionales “. Acabar con el sinhogarismo, ¿no requeriría que las personas que no toman las decisiones correctas dejaran de dormir en la calle? Sorprende la confianza ciega en una metodología que deja fuera a quien no sigue el tratamiento. Y sorprende como acompaña esta confianza ciega con la crítica a quien acumula décadas de experiencia.

Anuncis

La solución para los “sin techo”

Hace unos cuantos años que investigo y escribo sobre la pobreza y la exclusión social en nuestras ciudades. No hablo demasiado de ello fuera del ámbito académico y profesional pero, en ocasiones, en conversaciones informales, alguien pregunta sobre mi trabajo. Cuando explico sin dar muchos detalles alguno de los proyectos que me han ocupado en los últimos años, nunca faltan las propuestas para “solucionar” el problema de los “sin techo”, por más que el número de personas sin techo y sin hogar haya sufrido un fuerte incremento en Europa y los Estados Unidos (a excepción de Finlandia).

Una vez, una mujer de una entidad social, cuyo compromiso con las personas más empobrecidas de su ciudad es intachable, se enfadaba porque habiendo tantos locales vacíos encontraba indignante que la gente pasara la noche al raso … Proponía que el ayuntamiento alquilara los locales, pusiera colchones y dejara entrar a la gente a dormir dentro, “mejor en un colchón a cubierto que en la calle, ¿no?”. Muchas veces me han dicho que habiendo tantos pisos vacíos, sólo es cuestión de dar pisos a las 1000 personas que duermen en la calle y, ¡hala!, problema solucionado. No falta quien dice que la solución es poner a las personas sin techo a “trabajar” para la administración y darles alojamiento y comida a cambio.

Mega-albergues en las afueras de la ciudad, carpas autogestionadas con literas en el parque del Retiro de Madrid o en la Ciutadella de Barcelona, habilitar polideportivos como se hace en época de máxima afluencia a lo largo del Camino de Santiago…

Hay hasta quién pretende “solucionar” el sinhogarismo convirtiendo a las personas que duermen en la calle en emprendedores y emprendedoras y convirtiéndolas en profesionales que puedan vivir de sus propios ingresos. Una idea sugerente, si no fuera por la precariedad a la que estan sometidas las vidas del conjunto de los trabajadores autónomos y por lo imposible de llegar a disfrutar de una estabilidad habitacional aceptable sin unos ingresos altos o estables.

El catálogo de “soluciones” al sinhogarismo que surgen en una conversación de bar es interminable. Y seguramente de todas las propuestas se pueden rescatar ideas interesantes. Pero los debates que provoca darse de bruces con la miseria al caminar por las calles de la ciudad se rigen por planteamientos propios de una cultura política de consumo. Como si estuviéramos en unos grandes almacenes, ante los problemas sociales que nos incomodan pedimos (o exigimos) un menú de explicaciones y de soluciones más o menos simples que no nos obliguen a cuestionarnos nuestra forma de entender el mundo.

Desde hace tres décadas, las grandes ciudades de todo el mundo han ampliado las camas en centros de acogida para personas sin techo y han ensayado modalidades de intervención social innovadoras. Pero los mercados de trabajo y de la vivienda excluyen de manera sistemática y permanente a una parte de la población de los grandes núcleos urbanos. La economía de las ciudades globales está sometida a los procesos de financiarización que superan la capacidad de actuación de municipios, entidades supramunicipales y estados. En el caso de Barcelona o de Madrid, estar entre las 100 ciudades del mundo más interesantes para los grandes inversores inmobiliarios no se traduce precisamente en buenos augurios por el derecho de la vivienda. La atracción de turistas y profesionales con altos ingresos tensa los precios del alquiler en alza. Mientras tanto, los salarios bajan, los empleos en la industria turística siguen su carrera hacia la precariedad absoluta, y el paro de larga duración no tiene solución.

Asimismo, la destrucción del hábitat de millones de personas en todo el mundo genera unos flujos de migratorios imparables hacia las ciudades globales. Con movimientos de personas que no entienden de fronteras, las políticas migratorias de los estados generan situaciones de exclusión administrativa que condenan a la pobreza a una parte cada vez más importante de las personas que habitan estas ciudades.

Las barreras en el acceso a la vivienda, el paro y las graves deficiencias del sistema de garantía de rentas, y la exclusión administrativa de las personas migrantes, comportan un goteo constante de personas en situaciones de sin hogar y de sin techo .

Contra el sinhogarismo, la pobreza y otras formas de miseria urbana, no existen soluciones, existen luchas. No hay innovación social posible que nos permita asegurar que seremos capaces de limpiar las calles de pobreza, porque lo que vemos en las calles no es el resultado de trayectorias vitales descarriadas que se pueden enderezar. Las personas que duermen en las calles son la parte más extrema y más visible de una marginalidad generada por dinámicas que sobrepasan la ciudad y el estado y que se agravan con la consolidación del proyecto político neoliberal.

Esto no significa que no exista un enorme margen de mejora en la forma en como las ciudades se enfrentan al sinhogarismo. Son muchas las personas comprometidas en la lucha contra sus causas estructurales, en la mejora de las políticas de prevención que tienen como objetivo evitar que la pobreza sobrevenida se convierta en exclusión social severa, y en la atención a quien lo ha perdido todo. Son muchas las personas profesionales y voluntarias, de entidades públicas y privadas, que exploran formas de enfrentarse al sinhogarismo más efectivas, más humanas y que respeten al máximo la autonomía de las personas golpeadas por la pobreza.

Y son muchas las actuaciones que se pueden impulsar para luchar contra el sinhogarismo desde la ciudad y para la ciudad: impulsar mecanismos que garanticen los derechos civiles y políticos de las personas que viven en la calle, garantizar el acceso al agua ya los servicios de higiene, transitar de un modelo de institucionalización en albergues la provisión de alojamientos y viviendas que permitan a las personas mantener la autonomía y la capacidad de decisión sobre su vida, mejorar la colaboración entre los servicios de atención a personas sin hogar y los servicios sociales básicos, articular mecanismos de realojamiento rápido para quien pierde la vivienda, evitar que las salidas de prisiones y hospitales se conviertan en una causa de sinhogarismo garantizando acompañamiento social en los procesos de desinstitucionalización, explicar a la ciudadanía que las personas sin hogar no tienen características propias que las hagan diferentes ni son individuos incapaces para gestionar su propia vida…

Pero esta lista de mejoras y muchas otras que aquí no se recogen deben enmarcarse en la lucha contra la financiarización de la vivienda y del espacio urbano, contra los procesos de gentrificación, contra la privatización de la vida y de las relaciones humanas … Luchas que, por definición, generan conflicto y ponen en cuestión el sometimiento de las ciudades a los intereses privados.

Ante los eslóganes de la política de twitts y titulares y frente a la retórica de la innovación social gestada en las escuelas de negocios, sigo reivindicando espacios para debatir a partir del reconocimiento de la complejidad y del conflicto.

https://twitter.com/albertsc79/status/939891462250037249

https://twitter.com/albertsc79/status/939789873610969088

https://twitter.com/albertsc79/status/856567799908532224

Publicació: Diagnosi 2017. La situació del sensellarisme a Barcelona: Evolució i accés a l’habitatge

L’informe de diagnosi sobre​ el sensellarisme a Barcelona ​detecta​ un augment ​de ​les ​persones​ sense​llar ​però ​també ​dels ​recursos​ d’atenció

La Diagnosi 2017 forma part d’una sèrie d’informes bianuals elaborats per la Xarxa d’Atenció a Persones Sense Llar (XAPSLL), que agrupa 36 entitats de l’àmbit més l’Ajuntament de Barcelona. Els informes permeten aportar coneixement sobre les tendències del sensellarisme a Barcelona i sobre els perfils i necessitats emergents entre les persones sense llar. A més, en l’edició 2017 es combina informació quantitativa i qualitativa per tal de millorar el coneixement sobre les pressions que rep el sistema d’atenció a persones sense llar: l’augment del sensellarisme a escala europea, l’estat del mercat​ de ​lloguer ​a ​Barcelona ​i ​l’anomenada​ “crisi​ dels ​refugiats”.

L’informe s’estructura en sis capítols: el primer explica la metodologia; el capítol dos, l’evolució de les dades sobre persones sense llar a Barcelona; el tercer capítol informa sobre la resposta de les entitats públiques i privades a l’augment del sensellarisme; el capítol quatre analitza les dificultats per accedir a un habitatge a Barcelona de les persones que atravessen una situació de sense llar; el cinquè capítol analitza les dificultats per accedir a un habitatge de les persones sol·licitants d’asil, i finalment, el sisè capítol descriu com les definicions sobre sensellarisme provoquen que les dones estiguin ​infra representades ​a ​les ​estadístiques.

Aquest dimecres, 22 de novembre, ha tingut lloc la presentació i debat de l’informe a càrrec de les autores i autors. L’edició del 2017 de la diagnosi ha estat redactada per Ana de Inés, Laura Guijarro, José Tello i Albert Sales, combinant coneixement procedent​ de ​la ​recerca​ acadèmica​ amb​ el​ de​ professionals​ d’atenció​ directa.

Algunes ​de ​les ​principals ​línies​ d’anàlisi​ de ​la ​Diagnosi​ 2017​ són​ les ​següents:

1. El sensellarisme augmenta a Barcelona alhora que augmenten els recursos d’atenció a persones sense​llar.

Entre els anys 2008 i 2013 es va produir un fort augment del nombre de persones en situació de sense llar a Barcelona i, malgrat una lleu estabilització de les xifres entre el 2013 i el 2015, el sensellarisme torna a augmentar a la ciutat. La preocupant tendència ascendent en el nombre de persones sense llar és un fet a tots els països de la Unió Europea excepte a Finlàndia, segons un informe ​de​ 2017​ de ​FEANTSA,​ la​ Federació​ Europea ​d’organitzacions​ de​ sensellarisme.

A Barcelona, cada nit dormen al carrer al voltant de 1.000 persones. En el recompte realitzat per la XAPSLL el 17 de maig de 2017 es van localitzar 1.026 persones pernoctant a la via pública, una xifra molt propera a les 962 persones contactades pel Servei d’Inserció Social de l’Ajuntament de Barcelona. El mateix 17 de maig, als recursos de la XAPSLL – centres residencials i pisos de programes públics i privats – passaven la nit 2.006 persones. Si afegim les 417 persones pernoctant en assentaments i estructures informals instal·lades en solars, un total de 3.383 persones viuen una exclusió​ extrema ​de ​l’habitatge ​a ​Barcelona.

En els darrer anys, doncs, s’ha registrat un increment en el nombre de persones dormint al carrer, passant de les 658 persones detectades al primer recompte ciutadà realitzat l’any 2008, a les 1.026 del recompte de 2017. En paral·lel, els recursos de la XAPSLL creixen progressivament de les 1.129 persones​ allotjades ​la ​nit​ del​ recompte​ de​ 2008​ a ​les ​2.006​ allotjades ​el​ 17​ de ​maig ​de​ 2017.

A més, els equipaments augmenten en qualitat, prioritzant el creixement de recursos d’habitatge de petita escala com els pisos d’inclusió i el Housing First, un model de recent implantació a la ciutat que ja compta amb 126 pisos gestionats per diferents entitats i que posa l’habitatge al centre de la intervenció amb persones sense llar. També s’han obert dos nous centres col·lectius especialitzats en l’atenció ​a ​famílies ​i​ a​ persones​ que ​experimenten ​problemes​ de ​salut​ mental.

2. La bombolla dels lloguers dificulta l’accés a l’habitatge de les persones sense llar i de les entitats de​ la​ XAPSLL.

A través d’entrevistes realitzades a persones en situació de sense llar i a professionals de serveis d’habitatge de la XAPSLL, l’informe desgrana les dificultats a les quals s’enfronten a l’hora d’accedir a un​ habitatge ​a ​Barcelona.

A causa de la manca de lloguers assequibles a la ciutat, les estades als centres d’atenció per persones sense llar es prolonguen i les llistes d’espera es congelen. Les persones ateses als centres i pisos de la XAPSLL no poden finalitzar la seva estada en aquests perquè no tenen accés a un habitatge a causa dels alts preus de lloguer a Barcelona i han d’estar més temps del que seria necessari als recursos d’atenció. Al mateix temps, les persones que haurien de ser ateses per aquests centres romanen a l’espera que hi hagi places lliures augmentant el nombre de persones en situació d’exclusió residencial​severa.

3.​Els ​fluxos ​migratoris ​tenen ​cada ​cop​ més​ impacte​ sobre ​el​ sensellarisme.

L’estudi dedica un capítol a la relació entre les polítiques d’acollida a persones sol·licitants d’asil i el sensellarisme. El nombre de persones sol·licitants d’asil ha augmentat fortament els últims anys a la Unió Europea, només el 2016 es van rebre més d’un milió de sol·licituds segons dades de l’Eurostat. La legislació espanyola ha establert un programa d’acollida per persones sol·licitants d’asil que els hi cobreix ​les ​necessitats ​primeres​ durant​ 18 ​mesos​ mentre​ es ​resol ​la ​sol·licitud.

En la segona i tercera fase del procés d’acollida les persones sol·licitants han de cercar un habitatge al mercat de lloguer amb els ingressos que els hi facilita el programa i que són, per exemple, de 376€ per persones individuals i de 565€ per famílies de tres membres. En el procés d’accedir a un habitatge en el mercat immobiliari les persones sol·licitants d’asil es troben amb moltes barreres que, segons relaten, tenen a veure amb els alts preus de lloguer, els prejudicis sobre les persones estrangeres i les dificultats que els hi provoca el mateix programa d’acollida que només els garanteix
uns ingressos durant 18 mesos. A conseqüència d’això, les persones sol·licitants d’asil acaben en situació de sensellarisme i estan sent ateses cada vegada més per les entitats que atenen persones sense​llar.

4.​Les​ dones ​en ​situació​ de ​sense​llar ​estan​ infra representades ​a​ les ​estadístiques.

L’estudi cita investigacions europees que han analitzat l’efecte de les definicions sobre sensellarisme en la invisibilització de les dones sense llar. La majoria de països de la Unió Europea només consideren com a persones sense aquelles que dormen al carrer i en equipaments d’atenció. Però precisament les dones que es troben en situació de sense llar tendeixen a evitar aquest tipus de recursos ​i​ el ​nombre ​de​ dones ​sense​llar​ es​ podria​ estar ​infravalorant.

Les trajectòries de les dones sense llar estan més vinculades a la violència de gènere i a càrregues familiars que les trajectòries dels homes. A més, és més probable que les dones, quan han de fer front a una situació de sensellarisme, utilitzin xarxes de suport informal com les relacions familiars i d’amistat. Les dones que viuen sota amenaça de violència masclista o a casa d’amics o familiars també són dones sense llar i són aquestes precisament, segons afirma l’estudi, les situacions que menys ​s’han​ estudiat.

Diagnosi2017CAT

 

Seguir la recepta per deixar de ser sense sostre

Albert Sales i Laura Guijarro

Imagina que vas al metge amb una infecció i et recepta antibiòtics. Comences el tractament i quan ja et trobes millor el deixes, abans de complir amb la setmana de medicació prescrita pel facultatiu, la infecció retorna i quan vas al metge li dius que només has pres l’antibiòtic quatre dies. El metge, et diu que has pres la decisió equivocada i que has perdut el dret a assistència sanitària, et fa fora de la consulta i t’adverteix que no et tornarà a atendre. Tot i que en alguns sistemes sanitaris europeus ja s’ha arribat a posar en dubte el dret al tractament públic sanitari de persones fumadores o amb hàbits poc saludables, poca gent acceptaria aquesta reacció d’un metge que, a més, estaria faltant al seu compromís professional.  

Fa uns dies vam trobar-nos a una persona que torna a dormir al carrer després d’haver estat un temps “atesa” per una organització. L’entitat en qüestió va contactar amb ell al carrer i li va prescriure com “sortir del sensellarisme”. Li van proporcionar un acompanyament focalitzat en l’obtenció d’ingressos econòmics a través de “feinetes”. Igual que la persona que va decidir deixar els antibiòtics, aquesta va decidir deixar el “tractament”, i a partir d’aquí, l’entitat li va dir que havia pres la decisió equivocada i que havia perdut el dret a l’assistència.

Comparar els serveis sanitaris amb els serveis socials té riscos, però de vegades ajuda a situar-se. Les entitats especialitzades i els serveis socials municipals ja compten que acompanyar una persona en la seva sortida del carrer és un procés llarg, ple de recaigudes, i que xoca amb la falta estructural d’habitatge assequible, d’ocupació digna i de garantia d’ingressos. Les entitats de la Xarxa d’Atenció a les Persones Sense Llar de Barcelona (XAPSLL) treballen sabent que part del procés de recuperació consisteix en prendre decisions, potser equivocades, però des de l’autonomia personal.

Els treballadors i treballadores socials, les educadores i educadors, es queixen sovint de que atenen a les mateixes persones una i altra vegada. Desitjarien “perdre-les de vista” per sempre… Tan de bo totes les persones ateses pel Programa d’Atenció a Persones Sense Llar de l’Ajuntament de Barcelona, pel Centre Assís, per Arrels Fundació, per Sant Joan de Déu, per Suara, per Sant Pere Claver… i per fins a 32 entitats agrupades a la XAPSLL, no tornessin mai més a les portes del centres residencials, centres de dia, pisos d’inclusió… o al carrer. Però quan tornen, se les aten. Una i altra vegada. Perquè de la mateixa manera que un metge té, no només la obligació laboral, sinó la responsabilitat moral d’atendre els seus pacients tants cops com faci falta, totes aquelles persones, professionals i voluntàries que treballen dia a dia atenent a persones sense llar també la tenen i l’assumeixen. Perquè saben que tracten amb persones i que aquesta condició comporta el dret a prendre decisions, a equivocar-se, a encertar, o a topar-se amb dificultats inesperades.

És interessant aprendre d’iniciatives innovadores per lluitar contra el sensellarisme. Però resulta molt perillós que persones o entitats critiquin els esforços que ja realitzen organitzacions de llarga trajectòria argumentant que no són eficaces perquè no acaben amb el problema. Perillós perquè qualsevol anàlisi seriós confirma que el problema del sensellarisme és un problema d’habitatge i que les entitats, com els serveis socials municipals, intenten gestionar-lo però no tenen les eines per proveir habitatge ni per frenar escalades especulatives. I perillós perquè transmet la idea de que qui s’hi enfronta des de fa dècades està malbarantant recursos i que no aconsegueix resultats, quan el treball de tants professionals i voluntaris serveix per fer front als drames vitals de milers persones.

El nostre conegut, el que va prendre decisions equivocades, torna a ser atès pels serveis socials, mentre l’entitat que ha deixat de donar-li suport assegura que pot acabar amb el sensellarisme amb un pressupost molt més reduït que qualsevol de les “entitats tradicionals”. Acabar amb el sensellarisme, no requeriria que les persones que no prenen les decisions correctes deixessin de dormir al carrer? Sorprèn la confiança cega en una metodologia que deixa fora a qui no segueix el tractament. I sorprèn com s’acompanya aquesta confiança cega amb la crítica a qui acumula dècades d’experiència.

 

Què és la XAPSLL? Més informació aquí

Més reflexions relacionades

Voluntad de acero para salir de la pobreza y otros mitos neoliberales

“Los pobres”: objetos de políticas o sujetos políticos 

El sinhogarismo es un problema de vivienda 

 

Trapped in Barcelona: The links between rising rent and homelessness

By Albert Sales and Laura Guijarro

[article originally published in Spanish on CTXT.es: enlace a la versión en castellano]

In most peoples’ minds, homelessness is rarely linked to rising rental prices. It is well-established in the social sciences that evictions rarely lead someone directly to sleeping on a park bench or in an ATM building. If this were the case, in a city like Barcelona where evictions have grown dramatically in recent years, there would not be 900 people sleeping in the streets, but many, many more.  

But this does not mean that increasing rental prices have no direct or indirect effect on the scale and persistence of homelessness in all its forms. In the last two decades, several studies have shown that difficulties in accessing stable housing increase the risk of poverty and social exclusion.  In this sense, high rent substantially increases social vulnerability. As a result, the new housing bubble affecting Spain, and Barcelona in particular, is condemning the city’s most impoverished people to a situation of chronic residential exclusion.  

Ricardo is in his fifties. After a year and a half sleeping in the street, a team of social workers convinced him to enter a municipal homeless shelter. Eight months later, he entered a residential center, where he received support for another year and a half. This gave him time to look for a job and begin a new life as a night watchman, earning roughly 450 euros per month. After gathering up some savings, he began to look for a place he could call home. It’s been seven months and he is still looking. Ricardo is one of the many formerly homeless people receiving social assistance for whom employment is not enough to allow for an autonomous life and distance from the support provided by social services and non-profit organizations.

Maria, 47, ended up living in the street after spending two years with no income at all.  After two weeks in her hometown, she left to try her luck in Barcelona. The anonymity of the big city made it easier for her to approach social services, NGOs and churches for help. She entered a shelter where they helped her apply for welfare, and she now receives just under 500 euros a month. Though she has been unable to find another source of income, administrative barriers prevent Maria from extending her stay in the shelter. With what she has managed to save, she is trying to find stable accommodation. Meanwhile, she is living in the cheapest bed she has found in the city, a youth hostel that costs 15 euros a night. She relies on soup kitchens every day to reach the end of the month.

At age 64, Francisco is counting the days until he can receive a minimum non-contributory pension of 480 euros per month. Thankfully, he has never had to sleep in the street. When he lost his home, social services found him a homeless shelter to stay in until he reaches the retirement age. He spends his time trying to find a room for when he has to leave the shelter, but even though he never expected any luxury, he has grown increasingly discouraged as he has seen rental prices rise on the most common rental sites. If he stays in the city, he knows that all of his income will be spent on avoiding life on the streets.

One of the objectives of social work is to help people achieve personal autonomy. The three people described above are perfectly capable of managing their daily lives without the need for professional support. They are in good health, they have rebuilt a network of social relationships and they have achieved some emotional stability. But despite having relatively stable sources of income, the amount they receive is absolutely insufficient to survive in Barcelona, ​​where decent housing has a minimum price of 800 euros a month, a room costs 350 euros and a bed in a hostel costs at least 15 euros a day.  

The absence of affordable housing forces Ricardo, María and Francisco to depend on social services. To eat every day, they must go to soup kitchens. To stretch their income, they continue to rely on non-profits and NGOs providing economic aid and services that they cannot access through the market. This includes everything from personal care to transportation and leisure.

Given their residential instability, the most appropriate institutional response to these situations would seem to be to either prolong their stays in residential centers or provide a permanent home. But resources are limited. A constant inflow of people into situations of severe residential exclusion is overwhelming services that were designed to provide temporary support and the stability necessary to regain autonomy. Centers that were designed for temporary stays are becoming centers for long-term stays, with many residents living in them for over a year and a half. As homeless people prolong their stays, entry into the residential centers becomes increasingly difficult.

One might think that economic rationality would lead people facing residential exclusion to leave Barcelona. But leaving the city involves a number of costs that many simply cannot afford. Leaving the big city may make it easier to access cheaper housing, but this doesn’t necessarily compensate for the added costs involved in living far away from the meager employment opportunities the city provides with its more diverse economy. How much of his 450 euro a month salary would Francisco have to spend to commute to his job as a night watchman if he moves to a municipality with more affordable rent? How far would he have to travel?

For those living on non-contributory pensions or minimum incomes, staying in the city also allows them to benefit from the services offered there exclusively, such as soup kitchens, day centers, libraries, civic centers and social services that can prevent a possible relapse. When María went to the social services in her hometown, she was told that the municipality had no resources for her and that it was best to look for support through Barcelona’s social services or one of the many NGOs and non-profits based in the city.

So even in terms of economic rationality, leaving Barcelona is not as viable as one might expect for the city’s most impoverished people. Beyond these monetary calculations, there are other powerful reasons for why a homeless person would not want to leave their city or neighborhood. For instance, homelessness is often characterized by extreme loneliness. If the city’s streets are precisely where people in this situation build their fragile support networks, leaving that environment for a new and unknown set of streets can also be risky.

Rising rent prices and legislation that puts tenants at a severe disadvantage produce of several kinds of evictions. A growing part of Barcelona’s population is being forced to leave the city as a result of accelerating gentrification and population substitution. A growing number of people with very precarious jobs in the services and tourism sectors can neither afford a decent home nor live outside the city as a result of the costs associated with the commute. This increases the number of people in substandard housing situations. In the most extreme cases, these situations turn into homelessness, thus feeding the circuit of social services oriented towards homeless people and the vicious cycle of long-term stays in residential centers and shelters. As a result of prolonged social exclusion, many of our neighbors find themselves in a sort of limbo between expulsion from the housing market and the scraps from Barcelona’s economic dynamism.

According to data from the City of Barcelona and the Network of Attention to Homeless People, an estimated 900 people sleep in the streets every night. Around 2,000 stay at either municipal shelters or residential centers provided by NGOs and non-profits, and roughly 400 live in abandoned warehouses or plots. While it is difficult to quantify in precise terms, municipal sources estimate that some 12,000 people live in substandard or unhealthy conditions, overcrowded flats, housing under imminent threat of eviction or squats.

When the right to decent housing is not protected and access to affordable housing is not guaranteed, the system of services providing care for the homeless becomes a dead end. The people served never stops growing, as people transit endlessly from the street to the shelters and back, unable to live with autonomy and dignity.

Feminització de la pobresa (revista #BarcelonaSocietat)

[Editorial del número 21 de la revista Barcelona Societat]

La crisi sembla haver provocat una convergència entre les taxes de pobresa de les dones i dels homes. A Catalunya, la taxa AROPE (at risk of poverty and exclusion), que comptabilitza la proporció de persones que viuen en llars afectades per la pobresa econòmica, la baixa intensitat de treball assalariat o per privació material, segueix sent més alta per les dones que pels homes però les diferències s’han reduit pogressivamente dels 4,8 punts l’any 2009 als 0,6 l’any 2015. Per què parlar doncs de feminització de la pobresa? I més enllà de la publicació d’aquest número de Barcelona Societat, per què impulsar una estratègia contra la feminització de la pobresa a la ciutat?

Les autores i els autors dels articles recollits en el número 21 de Barcelona Societat  mostren a partir de resultats de recerca, reflexions teòriques i experiències la necessitat d’aproximar-se a l’empobriment i les vivències d’exclusió social amb perspectiva de gènere, trencant la ceguesa dels indicadors i d’una concepció excessivament economicista dels processos socials.  

Els indicadors que prenen com a referència els ingressos de la llar, com la taxa de risc de pobresa o la taxa AROPE, no reflecteixen la distribució interna dels recursos econòmics. Les dades de l’Enquesta de condicions de vida però, revelen que en un 62,7% de les llars catalanes és un home qui aporta els ingressos principals. La posició de desavantatge de les dones en el mercat laboral i una construcció de les polítiques de protecció social basada en les cotitzacions a la seguretat social minva de forma significativa la capacitat de les dones de generar renda. En conseqüència, la mitjana dels ingressos individuals (rendes del treball i altres activitats econòmiques i prestacions socials) va ser l’any 2015 de 17.125 euros entre els homes i d’11.375 euros entre les dones. L’origen dels ingressos familiars determina els riscos socials individuals i, alhora, condiciona la capacitat d’apropiació de la renda. Segons l’ECV un 25,4% de les dones assegura no poder gastar una petita quantitat de diners per a sí mateixa durant la setmana, proporció que en el cas dels homes es redueix fins el 20,8%.

La distribució interna dels recursos econòmics de les llars no és l’únic factor que invisibilitza l’impacte de la pobresa en les dones. Una conceptualització excessivament economicista de la pobresa obvia altres aspectes socialment rellevants. El gènere condiciona l’accés als recursos culturals, l’autoestima, la disponibilitat de temps, d’espai, la dedicació als treballs no remunerats, la seguretat personal…

Per exemplificar les desigualtats de gènere a l’hora de desenvolupar els propis projectes de vida podem parar atenció a la disponibilitat i al repartiment del temps. L’Enquesta de l’ús del temps de 2011 mostrava que els homes dedicaven 62 minuts diaris més de mitjana a l’activitat laboral remunerada que les dones. Alhora, els homes dedicaven 46 minuts més de mitjana que les dones a activitats d’oci i a ús dels mitjans de comunicació. Per contra, les tasques de cura de la llar i de la família seguien sent clarament feminitzada, dedicant-hi les dones 112 minuts més de mitjana que els homes cada dia.

El procés de mercantilització i de familiarització d’activitats que abans de la crisi assumien els poders públics té un impacte diferencial en funció del gènere. Reduir serveis que proporcionen suport a les tasques de cura de persones malaltes, persones dependents, i infants, impacta directament les persones que assumeixen aquestes feines dins de la llar.  Com ens mostren les autores i els autors, cal millorar les eines per a l’anàlisi de la feminització de la pobresa perquè, malgrat l’evolució d’alguns indicadors, la crisi i les polítiques d’austeritat estan íntimament relacionades amb un increment de les desigualtats de gènere en la distribució de riscos de pobresa i d’exclusió social.

IMG_20171030_212316_153

Entre els nostres

(Versión en castellano en Debate Callejero)

El diumenge 17 de setembre, TV3 va emetre un documental sobre els atemptats islamistes de agosta a Barcelona. Ho va fer en el prestigiós espai “30 minuts”, tan sols un mes després de la tragèdia i tractant d’oferir respostes a l’estupefacció amb què la societat catalana va constatar que nois perfectament integrats es convertien en monstres. No obstant això, el títol i part dels missatges de fons del documental abandonen el rigor al qual el guardonat espai ens té acostumats per crear un producte audiovisual que reprodueix els tòpics sobre uns “altres” perillosos i acechantes, per molt que s’obstini a fer-ho amb un to amigable.

“Entre els nostres” és un títol que reflecteix una manera d’entendre el món. Hi ha els nostres, els que tenen un comportament predictible en el marc d’unes normes socials compartides, i els altres, els que segueixen les seves pròpies regles tan allunyades de la nostra racionalitat que poden cometre qualsevol atrocitat. Diferenciar els nostres i els altres és essencial per sentir-nos segurs, així que hi ha poques coses més aterridores de sentir que “ells” es confonen entre “nosaltres”, es camuflen i no ofereixen cap pista per a ser identificats.

El programa mostra un entorn desolat per la transformació sobtada d’uns xavals en terroristes. Projecta el dolor de les famílies i de la pròpia comunitat musulmana tractant de generar empatia i comprensió per part de l’espectador. No obstant això, reforça la idea que l’amenaça, quan no es camufla, té un aspecte molt concret. En 30 minuts s’encadena testimonis que recorden que els nois eren “bons nois”, dels treballadors, dels quals s’estaven forjant un futur i, sobretot, dels que no semblaven tenir idees religioses radicals. Que l’imam de Ripoll no portava barba ni cap altre signe religiós. Que els terroristes es comportaven d’acord amb els estàndards occidentals. En definitiva, eren dolents disfressats. No eren com “els altres” que, per la seva religió, les seves barbes, els seus signes religiosos, els seus costums … han de ser considerats una amenaça.

Per reforçar la idea que el mal (islamista) pot sorgir inesperadament, el programa posa davant de la càmera experts en terrorisme que recorden que en altres ocasions també van ser nois normals, amb vides normals, els que es van llançar a assassinar en nom de l’islam . Entre els talls d’aquests experts, tots europeus blancs, apareixen membres de la comunitat musulmana de Catalunya en una posició de permanent disculpa, expressant el seu dolor i sorpresa i tractant de defensar que professar una fe no et converteix automàticament en un monstre.

La bona voluntat hi és. S’intenta generar empatia però es manté la diferenciació entre la racionalitat científica europea, l’anàlisi positiu dels fets, i la irracionalitat dels eterns “altres”. Aquells que portessin tota una vida vivint aquí, o que hauran nascut “entre nosaltres” però sempre seran de “els altres”. Perquè ni l’ètica del treball els eximeix del fet de ser diferents. Perquè els fets així narrats demostren que, fins sent bons nois, poden convertir-se en monstres.

He venido a África y no me han tocado el tambor

Por Albert Sales y Laura Guijarro [publicado originalmente en CTXT.es el 2 de septiembre de 2017]

Aeropuerto de Banjul, República de Gambia, agosto de 2017. Una mujer a punto de embarcar de vuelta a Barcelona comenta su experiencia de dos semanas con sus compañeros de viaje y otras personas que íbamos a compartir vuelo esa noche. Afirma que su estancia en el pequeño Estado africano no había tenido nada que ver con su primera visita diez años atrás. En esa primera incursión en tierras gambianas, Ana (nos referiremos a ella con un pseudónimo) pasó unos días en un hotel de la playa cercano a la capital que le ofreció un servicio excelente. Limpieza, orden, buena comida y “espectáculos africanos” en las piscina por las noches. Diez años después, Ana ha convencido a un grupo de amigos para conocer mejor el país de la mano de un guía.

Hoy, en el aeropuerto, se queja de que sus amigos van a denunciarla por publicidad engañosa. Los diez días con el guía han resultado ser un paseo por un “país decadente”, que no cuida al visitante, y en el que los escasos “atractivos turísticos” son de difícil acceso. Ana asegura a sus amigos y a resto de blancos que la escuchan en el aeropuerto que al menos en el hotel de Serekunda diez años atrás había tenido contacto con “la cultura africana” pero que en esta ocasión nada: ni danzas, ni tambores, ni música. El guía los había metido en hoteles feos, sucios, y sin ningún encanto. Para aderezar la decepción, Ana se ha encontrado con que los habitantes de estas tierras no sólo tienen móviles, sino que además no dejan de usarlos a todas horas. “Son tan consumistas”, dice, añadiendo que hace diez años no era así.

No falta quien considera que las quejas son injustificadas. Varias personas comentan por lo bajo que la mujer no sabía dónde iba. Pero la mayoría coinciden en que Gambia tiene un gran potencial turístico que sus ciudadanos no saben explotar. Uno de los acompañantes de viaje de Ana dice: “Si esta gente se lo currara  más, podría vivir  todo el  país del turismo, y además bien”. Si mejoraran los transportes, si los hoteles estuvieran más limpios, si el servicio fuera más rápido….  En definitiva, si hacer turismo en Gambia se pareciera más a visitar las costas del Mediterráneo o Cancún, pulsera en mano con pensión completa añadida, y con el plus de lo exótico y auténtico mediante danzas, tambores y taparrabos, tendríamos de nuevo un cóctel al que ni turistas ni autóctonos podrían resistirse.

Es paradójico que quienes buscan lo auténtico, el contacto con “la cultura africana”, vean en la industria turística el camino del desarrollo. Adaptar la cultura local a los gustos y necesidades de los turistas parece ser la receta ideal para atraer divisas, vivir bien, y conseguir que Ana vuelva a su ciudad convencida de que ha entrado en contacto con la cultura africana. Haber estado en Gambia, Ghana, Kenia o Madagascar no importa demasiado, mientras haya telas de colores, tambores, danzas, lanzas… También es paradójico que las mismas personas que se irritan cuando alemanes y japoneses vienen a tierras mediterráneas a tener contacto con la cultura española (¿o debería decir cultura europea?), mediantes paellas y espectáculos flamenquiles, salgan de su continente a la caza de lo auténtico y se molesten cuando africanos y africanas utilizan teléfonos inteligentes, visten camisetas de equipos de fútbol europeos, y se alisan el pelo. Quizás si los nativos prescindieran de móviles, relojes y cualquier objeto que pudiera afear la autenticidad en las fotos publicadas en las redes sociales de vuelta a la “civilización”, el viaje al imaginado país africano reuniría los ingredientes necesarios para hacer de la estancia a todo lujo una aventura a la altura de los reportajes del National Geographic.

IMG_20170812_175526

Quan no arriba ni per la llet

Fa uns dies es va posar en marxa una nova edició de la campanya “cap nen sense bigoti”. Una campanya de recollida de donatius econòmics que tenen com a objectiu que la Fundació Banc dels Aliments pugui adquirir llet que ha d’arribar als nens i nenes que no accedeixen a una alimentació adequada a causa de la manca de recursos econòmics de les seves famílies. Per participar en la campanya promoguda per l’Obra Social La Caixa es poden realitzar donatius on-line a partir d’una quantitat mínima de 6 euros.

El web de la campanya dedica espai per explicar la importància de la bona nutrició per al desenvolupament de la infància i per posar en relleu que la llet és un aliment bàsic. També recorda que la missió de la iniciativa és fer arribar aquest producte a 350.000 nens i nenes de famílies que no poden pagar-ho. El que no aclareix és per què les famílies beneficiàries han de preferir rebre llet que els diners per comprar-la. Posats a recollir donatius per a les llars empobrits que tenen dificultats per oferir una alimentació adequada als seus fills i filles, ¿per què en no transferir aquestes donacions en efectiu? Potser aquests pares i mares estarien agraïts de seguir acudint a les botigues a comprar la llet, la pasta, els llegums o allò que prioritzin en base als seus gustos, les seves preferències culturals o les seves prioritats.

Em sorprèn que a la pàgina web no s’expliciti sota quina evidència empírica es considera que les entitats socials saben millor que les famílies com administrar els recursos econòmics. De la mateixa manera que s’enllaça un estudi sobre la importància de la llet per a la salut, s’hauria de justificar d’alguna manera per què el donatiu ha de passar per entitats que comprin llet per després portar-la a les llars. Suposo que s’assumeix que a les cases en situació de pobresa els diners té altres usos i ningú se’n recorda de l’alimentació dels petits. O que les “famílies pobres” tenen problemes d’adaptació social que els impedeixen anar a un botiga. Fins pot ser que algun saberut estudi hagi arribat a la conclusió que les mares prefereixen un telèfon mòbil nou que posar llet en els esmorzars dels seus fills…

Si no és així, si no hi ha evidència empírica que doni suport a la creació d’un dispositiu de provisió de llet, em costa entendre la lògica de la campanya.

La pobresa que impedeix a milers de llars alimentar correctament als seus nens i nenes és indignant. És el fruit d’unes polítiques de protecció social febles i que pivoten entorn a les cotitzacions a la seguretat social deixant els problemes d’una part creixent de la població en mans d’uns serveis socials desbordats. Però també és el fruit de deixar les nostres vides a la mercè dels mercats laborals i de l’habitatge. La major part de les famílies ateses per serveis socials municipals i organitzacions destinen els seus pocs recursos econòmics a pagar el lloguer d’un infrahabitatge o d’una habitació. Si no hi ha per a llet, és perquè els diners es destinen a no acabar al carrer.

Les llars més empobrides no poden esperar que es produeixin els canvis estructurals necessaris per acabar amb la pobresa. Cal posar l’esmorzar, el dinar i el sopar a taula cada dia. Però segur podem fer-ho sense donar per bona la hipòtesi de la incapacitat de les famílies de gestionar la seva quotidianitat.

NOTA: El Pacte Internacional de Drets Econòmics, Socials i Culturals (PIDESC) reconeix mitjançant l’article 11 “el dret de tota persona a un nivell de vida adequat per a si mateix i la seva família, inclosa alimentació, vestit i habitatge adequades, i una millora contínua de les condicions d’existència (…) “. El reconeixement del dret a una alimentació adequada no només comprèn l’accés a recursos nutricionals suficients per a les llars per la seva qualitat i quantitat. També inclou l’adaptació d’aquests recursos a les pautes socials i culturals de les persones i de les famílies.

 

Bloc a WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: