Un sistema de distribución, un sistema de producción.

(Publicado originalmente en la revista Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas, número 8)

Los obstáculos que imponen los supermercados a la agricultura familiar

Aunque los libros de primaria dibujen sonrientes carniceras o pescaderos para ilustrar los temas referentes al comercio y a la alimentación, lo cierto es que si preguntamos a los niños y niñas dónde se compran la carne o el pescado, serán muy pocos los que se refieran a la carnicería o la pescadería en primer término. Cada vez son más las familias que acuden a supermercados o hipermercados para llenar el frigorífico hasta los topes pasando por un sólo establecimiento. Pero lo que hoy parece el estado natural de las cosas es, en realidad, un fenómeno muy nuevo. El primer hipermercado del Estado español se abrió en 1973; en 1980 se contaban tan sólo 5; y hoy la mayor parte de los habitantes del país encontrará alguno de los casi 7.000 establecimientos de autoservicio a su disposición al lado de la puerta de su casa.

Estos miles de establecimientos de distribución comercial son propiedad de un número muy limitado de empresas. Carrefour, Mercadona y Eroski concentran el 47% de las ventas de productos alimentarios en formato autoservicio. La mayoría de las corporaciones dedicadas a la distribución alimentaria también actúan en otros sectores. A nivel internacional, empresas como Wal Mart, Lidl, Aldi o Carrefour, se están convirtiendo en el espacio habitual donde los consumidores y las consumidoras adquieren ropa, material electrónico, menaje del hogar, viajes, servicios de telefonía, y hasta pólizas de seguro. La importancia de la distribución comercial ha alzado a una empresa de comercialización minorista, la norteamericana Wal-Mart, entre las tres compañías con mayor facturación del planeta.

Para los productores agrícolas, vender a una cadena de supermercados se está convirtiendo en la única forma de llegar a los consumidores y consumidoras finales. Convertirse en proveedor de una de estas corporaciones puede parecer un buen negocio gracias a los volúmenes que supone, pero estas cadenas exigen un flujo de suministro constante, una homogeneidad en la apariencia de los productos y la asunción de unos costes que solo están al alcance de agricultores campesinos o de explotaciones familiares tras asumir grandes riesgos e hipotecar su futuro.

Cantidades y flujos de suministro

El sistema de aprovisionamiento en general y la gestión de los proveedores en particular, constituyen el pilar fundamental del negocio de las grandes cadenas de distribución. Las cadenas suelen tener su propia central de compras a nivel estatal y ésta es la que negocia los precios y el resto de condiciones con los proveedores.

Entre un 80 y un 90% de los y las proveedores que sirven a los supermercados se agrupan en “plataformas de distribución”: grandes almacenes en los que se acumulan las cantidades necesarias para servir los pedidos de las centrales de compras. Sólo escapan a este canal las y los proveedores que sirven directamente a cada súper o hipermercado, cosa que son capaces de hacer las grandes empresas que disponen de canales propios (Coca-Cola, por ejemplo) o, por el contrario, las y los productores pequeños y próximos a la tienda que, por alguna razón anecdótica, mantienen con ese establecimiento en particular una relación directa.

No hay congreso, encuentro o jornada sobre desarrollo rural, producción agrícola o distribución alimentaria en el que las instituciones públicas, las grandes empresas y los expertos y expertas de las universidades lleguen a otro diagnóstico: el problema del campesinado y de la agricultura familiar es la gran atomización de las explotaciones frente a la concentración y el gran tamaño de la empresas de distribución y de venta al público. La solución a este problema no pasa –según ellos- en ningún caso por cuestionar el exceso de poder del que gozan las grandes cadenas de distribución. Tampoco se plantea la necesidad de fortalecer las iniciativas que acercan a consumidores y consumidoras a la producción eliminando intermediarios. En los foros colmados de pensamiento económico las propuestas pasan por impulsar la integración de productores y productoras en la agricultura global.

Una finca agrícola o ganadera de tamaño medio que quiera tener acceso al mercado de las grandes cadenas de distribución tiene dos opciones: La primera posibilidad es vender su producción a un intermediario que disponga de las posibilidades logísticas para ejercer de plataforma de distribución y que, mediante tratos con multitud de productores, pueda garantizar a sus clientes un flujo constante y suficientemente grande de producto. La segunda es agruparse con otros productores/as en una cooperativa con medios suficientes para negociar con las cadenas de distribución y cumplir con sus exigencias. Continue reading “Un sistema de distribución, un sistema de producción.”

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Depredadores comerciales ¿Por qué existe un día de lucha contra los supermercados?

Albert Sales i Campos

Profesor de Sociología de la Universidad Pompeu Fabra; Miembro de la campaña “Supermercados, No Gracias!”

Aunque los libros de primaria dibujen sonrientes carniceras o verduleros para ilustrar los temas referentes al comercio y a la alimentación, lo cierto es que si preguntamos a los niños y niñas dónde se compran la carne o el pescado, serán muy pocos los que se refieran a la carnicería o la pescadería en primer término. Cada vez son más las familias que acuden a supermercados o hipermercados para llenar el frigorífico hasta los topes pasando por un sólo establecimiento. Pero lo que hoy parece el estado natural de las cosas es, en realidad, un fenómeno muy nuevo. El primer hipermercado del Estado español se abrió en 1973, en 1980 se contaban tan sólo 5 y hoy son varios centenares los que salpican la geografía. El formato supermercado nació a finales de los 50 impulsado por la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes. Hoy, la mayor parte de los habitantes del país encontrará alguno de los casi 7.000 establecimientos de autoservicio a su disposición al lado de la puerta de su casa.

Estos miles de establecimientos de distribución comercial son propiedad de un número muy limitado de empresas. Carrefour, Mercadona y Eroski concentran el 47% de las ventas de productos alimentarios en formato autoservicio. La mayoría de las corporaciones dedicadas a la distribución alimentaria también actúan en otros sectores. A nivel internacional, empresas como Walmart, Lidl, Aldi o Carrefour, se están convirtiendo en el espacio habitual donde los consumidores y las consumidoras adquieren ropa, material electrónico, menaje del hogar, viajes, servicios de telefonía, y hasta pólizas de seguro. La importancia de la distribución comercial ha alzado a una empresa de comercialización minorista, la norteamericana Wal-Mart, entre las tres compañías con mayor facturación del planeta.

Pese a que las grandes empresas minoristas ponen muchos esfuerzos en publicitar de qué forma nos facilitan la vida, no faltan críticas a su modelo de negocio y a sus abusos de poder. La relación entre el poder de las grandes superficies comerciales y la depreciación de los productos agrícolas es sobradamente conocida gracias, sobretodo, a las mobilizaciones que los agricultores llevan a cabo cada cierto tiempo. La Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra denunciaba este agosto que mientras el consumidor estaba pagando unos 4 euros por un kilo de melocotones, el productor estaba recibiendo no más de 80 céntimos, por poner sólo uno de los muchos ejemplos de márgenes desorbitados e injustificables que imponen las empresas de distribución.

En el terreno de las relaciones laborales, sindicatos y movimientos de defensa de los derechos laborales han denunciado prácticas antisindicales tanto en centros de trabajo dedicados a la producción para estas empresas como en los centros de comercialización. En 2007, por ejemplo, sindicatos alemanes, franceses, rumanos, checos y polacos coodinaron sus mobilizaciones para protestar por la política de recursos humanos de Lidl. Des de 2008, la Campaña Ropa Limpia internacional ha puesto en marcha la iniciativa Better Bargain para exigir a Lidl, Aldi, Carrefour, Tesco y Walmart, cambios en sus políticas de suministro después de constatar las condiciones de explotación en la factorías que producen ropa para estos súper e hipermercados que se detallan en el informe “Pasen por caja”.

También son cada vez más las organizaciones ecologistas críticas con la insostenibilidad de las prácticas de los gigantes de la distribución por las distancias recorridas por los productos, la mobilidad a la que se obliga a las personas consumidoras, la excesiva utilización de envases o el deterioro de los sistemas de producción tradicionales. Un estudio de Friends of the Earth de 2008 señalaba que un supermercado produce tres veces más emisiones de dióxido de carbono por metro cuadrado de superficie de venta que una tienda tradicional. Otro trabajo realizado presentado en Cataluña en mayo de 2010 aseguraba que comprar en un supermercado conlleva un gasto de energía 6 veces superior que hacerlo en un mercado tradicional.

El tejido urbano y sus relaciones sociales dependen en gran medida de cómo se articula la actividad comercial. Una red densa de establecimientos comerciales de proximidad genera un uso de las calles y del espacio público que va más allá del mero tránsito entre la vivienda y el puesto de trabajo. Los espacios de intercambio y de conocimiento mutuo entre vecinos que se dan en los ejes comerciales de los barrios y las ciudades se deterioran sustancialmente cuando el número de negocios se reduce por el efecto concentración que ejercen los supermercados e hipermercados. En algunas zonas rurales de los EEUU se habla ya del efecto Walmart consistente en el efecto combinado de la destrucción del pequeño comercio por la competencia de esta gran cadena, y la progresiva desaparición de los negocios y profesionales tales como carpinteros, cristaleros o asesores fiscales, que trabajaban para los negocios familiares y que ahora carecen de clientela.

Crecen las iniciativas críticas con el modelo de negocio que representan las grandes cadenas de distribución globales hasta el punto que el día 17 de noviembre se ha señalado como día internacional de lucha contra el supermercadismo. Pero se reducen las opciones de que disponemos los consumidores y consumidoras para acceder a los productos básicos y se minimizan los canales de distribución a través de los cuáles los productores pueden llegar a comercializar su producto. 110 cadenas de distribución y centrales de compras monopolizan la relación entre las personas consumidoras europeas y los agricultores y las empresas de alimentación. Estas 110 empresas imponen sus condiciones a ambos extremos de la cadena y exigen un producto al servicio de sus necesidades logísticas, dejando fuera del mercado a explotaciones agrícolas familiares, y a muchas pequeñas empresas de transformación.

http://supermercatsnogracies.wordpress.com

La roba bruta de la gran distribució

Albert Sales i Campos
(Coordinador de la Campanya Roba Neta a SETEM-Catalunya)
Article publicat al número 363 de la revista La Terra del sindicat Unió de Pagesos.
 

Durant les darreres tres dècades, les empreses de distribució comercial s’han erigit en actors determinants en la manera d’organitzar la producció i l’accés de les persones als bens de consum. Les visites als establiments d’aquestes corporacions – supermercats, hipermercats o grans magatzems – s’han convertit en una manera del tot habitual de comprar menjar, roba, electrodomèstics, aparells electrònics i una llarguíssima llista de productes que inclou, fins i tot, pòlisses d’assegurances o viatges.

Dues de les tres empreses líders en la comercialització d’aliments a l’Estat espanyol (Carrefour i Eroski) són també distribuidores de roba i el grup El Corte Inglés, quart operador del mercat alimentari, està al nivell de les firmes de moda més prestigioses en distribució de roba i calçat. La rellevància que han adquirit les grans cadenes de distribució generalistes en el mercat global de la confecció les ha convertit en actors importants en la definició del sistema de relacions laborals d’un dels sectors més precaris del planeta. La Campanya Roba Neta, que des dels 90 denuncia les condicions laboral de les treballadores de la indústria global de la moda, publicava a principis d’aquest juny un informe sobre la situació de les treballadores i els treballadors de les cadenes de subministrament de roba de Carrefour, Lidl, Aldi, Tesco i Walmart.

Les fàbriques i tallers en que es confecciona la roba que distribueixen aquests monstres empresarials estan repartits per tot el món, i tenen especial presència als països asiàtics que ofereixen uns costos laborals més reduïts, com Bangladesh, Sri Lanka, l’Índia o Tailàndia. Malgrat que les grans empreses de distribució han adoptat codis de conducta laborals, en els que es comprometen a que en la seva cadena de subministrament es respectin els drets laborals bàsics, el cert és que l’informe de la Campanya Roba Neta revela que les persones que fabriquen la roba que arriba als nostres hípers i súpers, estan molt lluny de gaudir de les més bàsiques garanties com a treballadors i treballadores.

A les fàbriques investigades a Bangladesh, les treballadores havien d’allargar la seva jornada oficial per arribar a cobrar uns 34 euros mensuals (el salari base no superava els 24 euros al mes). La jornada real que realitzaven per assolir aquest salari començava a les 8 del matí i acabava vora les 10 de la nit, durant els set dies de la setmana. Als centres de treball de l’Índia, els salaris oscil·laven entre els 45 i els 53 euros mensuals, quan l’alimentació de supervivència d’una família de 4 persones durant un més costa ja 45 euros. A Sri Lanka, els salaris anaven dels 33 euros als 60 euros mensuals mentre, segons els càlculs dels sindicats locals, una família de 4 persones necessita al voltant de 78 euros al mes per viure. Malgrat que els països on s’ha portat a terme la investigació es reconeix el dret a formar part d’un sindicat, només en 1 de les 31 fàbriques analitzades hi havia representant sindical.

Les economies d’escala que permeten que els gegants de la distribució es presentin davant els seus clients amb preus extremadament baixos mentre aconsegueixen beneficis desorbitats, estan subsidiades per milions de persones que treballen en condicions d’explotació per salaris miserables. Aquestes condicions es poden imposar gràcies a la situació de necessitat que viuen els treballadors i les treballadores i les seves famílies. En temps de crisi, en què la majoria de les famílies del món retallen les seves despeses, seria raonable preocupar-se per l’increment de preus que podria suposar pagar un salari digne a les treballadores i als treballadors asiàtics. No obstant això, el cost laboral representa tan sols un 3% (com a màxim) del preu de les peces de roba que es venen a Europa. La competitivitat a la que estan sotmesos els fabricants dels països empobrits acaba convertint-se en la misèria de les persones treballadores.

Responsabilitat social empresarial i rentats de cara: a Lid li surt malament la jugada

Albert Sales i Campos
Coordinador de la Campanya Roba Neta a SETEM-Catalunya

Publicado originalmente en castellano en Rebelión

“Impulsem el comerç amb justícia! Cada producte té una història. Per nosaltres les persones que hi ha darrera d’aquestes històries són importants. Lidl aposta per unes bones condicions laborals a nivell global. Per això, a Lidl, només contractem proveïdors seleccionats que poden demostrar la seva responsabilitat social. Ens oposem categòricament a qualsevol forma de treball infantil, i a la violació dels drets humans i dels drets laborals en la fabricació dels nostres productes. Garantim efectivament el compliment d’aquests estàndards”. Fullet publicitari de Lidl, finals de 2009.

A finals de l’any passat, l’empresa de distribució Lidl publicava un tríptic informatiu dirigit a les persones clientes dels seus establiments amb la declaració del paràgraf precedent. La distribució d’aquest paper s’emmarca en l’estratègia de Responsabilitat Social Empresarial que porta a càrrec l’empresa alemanya que disposa des de fa uns anys d’un codi de conducta laboral aplicable a totes les seves fàbriques productores arreu del món i que forma part de la iniciativa empresarial Business Social Compliance International (BSCI), associació d’empreses transnacionals que diu treballar pel compliment dels estàndards laborals internacionals.

La realitat a les fàbriques que produeixen per Lidl indica que aquestes declaracions i les polítiques de Responsabilitat de la firma es queden en el terreny de les bones intencions. Diverses investigacions realitzades per la Campanya Roba Neta internacional i l’informe Passeu per Caixa, la versió catalana del qual es presentarà a Barcelona el proper 1 de juny, mostren que les fàbriques proveïdores de Lidl mantenen als seus treballadors i treballadores en unes condicions totalment inacceptables que no respecten ni els estàndards laborals més bàsics ni el propi codi de conducta de l’empresa. L’informe presenta els resultats d’una investigació realitzada en fàbriques asiàtiques que treballen per cinc grans empreses de distribució comercial: Lidl, Aldi, Carrefour, Tesco i Walmart. En cap de les 31 factories analitzades, situades a Bangladesh, Sri Lanka, L’Índia i Tailàndia, es pagava el salari mínim legal per una jornada laboral normal. L’única manera d’accedir a aquest salari mínim era realitzar un nombre indeterminat d’hores extra. Malgrat tot, amb hores extra inclosa, els salaris a Bangladesh no superaven els 34 euros mensuals, a l’Índia no arribaven als 54 euros, i a Sri Lanka anaven dels 33 als 60 euros al mes. Cap d’aquests salaris s’equipara al cost de la cistella bàsica de productes de consum en aquests països i en tots els casos són el producte de jornades extenuants. Sobre la base d’aquestes situacions de pobresa i explotació, l’informe també posa de manifest la persecució a la que estan sotmeses les iniciatives sindicals en aquestes fàbriques.

broken_lidlUna investigació centrada específicament en fàbriques proveïdores de Lidl a Bangladesh ha servit a l’Agència de Consum d’Hamburg, a la Campanya Roba Neta alemanya i al Centre Europeu pels Drets Constitucionals i Humans (ECCHR en les seves sigles en anglès) per prendre accions legals contra Lidl per publicitat enganyosa. La investigació va demostrar que les persones treballadores de Bangla Desh produïen roba per Lidl en condicions descrites per elles mateixes com “inhumanes”. Segons Khorshed Alam, un dels principals artífex de la investigació: “Amb aquesta recerca no només s’exposa el rentat de cara social Lidl, també es demostra la ineficàcia d’iniciatives empresarials com el BSCI. Les grans empreses però, continuen utilitzant la pertinença a una iniciativa empresarial com una alternativa a l’adopció de mesures concretes per lluitar contra l’explotació laboral”.

El 14 d’abril, Lidl, que anteriorment s’havia negat a retirar la publicitat, va proposar un acord extrajudicial. En l’acord es van comprometre a suprimir les afirmacions referents a condicions justes de treball en els seus anuncis. Com a conseqüència de l’acord, l’empresa alemanya no podrà fer referència a la seva pertinença la Business Social Compliance Initiative (BSCI) en els fullets de la seva publicitat.

L’enfocament de la demanda és innovador en la mesura en que es centra en denunciar la manipulació de la informació que Lidl ofereix als consumidors i a les consumidores enlloc de posar l’èmfasi en la denúncia de les condicions laborals de les treballadores i posa de manifest la lamentable asimetria jurídica que permet que milions de persones visquin sota situacions d’explotació extrema i no hi hagi cap mecanisme per denunciar i processar les empreses, locals i transnacionals, que s’enriqueixen de la seva suor.

Salaris de misèria i “ètica” empresarial

Albert Sales i Campos
Coordinador de la Campanya Roba Neta a SETEM-Catalunya

versión en castellano disponible en la página de OMAL y en Rebelión

La major part de la roba i el calçat que es ven a les botigues de les grans firmes internacionals i de les grans superfícies europees ve de fàbriques asiàtiques. Durant aquest procés de deslocalització, sindicats i organitzacions internacionals, entre les quals es compta la Campanya Roba Neta, han denunciat reiteradament les condicions d’explotació laboral a les quals es sotmet als treballadors i les treballadores de la indústria de la confecció no només d’Àsia sinó també de l’Amèrica Central, el Nord d’Àfrica, Turquia i altres zones en què ha “prosperat” la indústria de la moda.

Joli Akhter, obrera de la confecció, i la seva familia esmorzant. Dhaka, Bangladesh, August 2009.  Foto de Taslima Akhter/Clean Clothes Campaign
Joli Akhter, obrera de la confecció, i la seva familia esmorzant. Dhaka, Bangladesh, August 2009. Foto de Taslima Akhter/Clean Clothes Campaign

Arran de pressions i escàndols, les firmes internacionals van començar a respondre a aquestes denúncies a finals dels 90 desenvolupant polítiques de responsabilitat social empresarial (RSE). Des de la indústria s’argumenta que les deficiències en les inspeccions de les condicions de treball en els països productors impedeix que les empreses transnacionals controlin el que passa en els centres de treball dels seus proveïdors. Davant aquesta realitat, les grans firmes han desenvolupat codis de conducta laborals aplicables en els tallers i fàbriques que produeixen els seus articles, i han dissenyat sistemes de monitorització del compliment d’aquests codis. Tot de carácter voluntari i motivat per l’ètica empresarial.

Aquestes polítiques d’RSE han rebut moltes crítiques des dels moviments de defensa dels drets laborals i des dels sindicats. A la base de les crítiques es troba el fet que en el seu argumentari “s’oblida” que els enormes beneficis de les firmes internacionals i la seva capacitat de pressió cap als seus proveïdors es basen, precisament, en la constant amenaça de deslocalització i en la competència a la que se sotmet a treballadors i treballadores de tot el món per oferir els inversors internacionals els costos de producció més baixos.

Més de 20 anys d’RSE han estat insuficients per acabar amb la situació de misèria dels obrers i les obreres de la confecció. Els salaris constitueixen un exemple concret i paradigmàtic de la inoperància de la RSE i de la manca d’interès real pel benestar dels milions de treballadors i treballadores d’aquesta indústria. El salari mitjà d’una treballadora de la confecció a Àsia se situa en els 2 dòlars per jornada laboral. Aquesta jornada, que en teoria és de 8 hores, acostuma a estendre’s fins a les 12 hores i, en moments de punta de treball pot superar les 14. Encara que els preus a Bangladesh, l’Índia o la Xina, siguin més baixos que a Europa o EUA, organitzacions i sindicats calculen que el salari que una obrera bengalí hauria de cobrar per equiparar la seva capacitat de compra a la d’una obrera mitjana occidental es situaria al voltant de els 8 dòlars diaris. Continue reading “Salaris de misèria i “ètica” empresarial”

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