En Bangladesh ya no hay accidentes

Artículo publicado originalmente en Catalán en robaneta.org

Un año después aún hay quien habla de accidente. Sabiendo que las trabajadoras habían advertido de nuevas grietas en el edificio el día antes de la catástrofe del Rana Plaza y a la luz del histórico de incendios y derrumbes en las fábricas de ropa de Bangladesh, la palabra accidente sólo se puede considerar un patético eufemismo. A las 1.138 personas muertas y más de 2.000 heridas en el edificio siniestrado el 24 de abril de 2013, hay que sumar las más de 1.000 que ya habían muerto en los 10 años anteriores en un goteo constante de desastres en los que las defunciones se contaban “sólo” por decenas. Los obreros y las organizaciones de defensa de los derechos laboral ya habían denunciado en infinidad de ocasiones la situación de inseguridad en la que transcurren las extenuantes jornadas laborales de las trabajadoras que confeccionan ropa para la exportación.

Associated Press / ReportersDurante cuatro días, la catástrofe del Rana Plaza sirvió para abrir una ventana mediática a las deplorables condiciones en que se produce la ropa de las grandes firmas de moda. Algunos medios internacionales osaron mencionar los nombres de las marcas que abastecían en las 5 fábricas del edificio. El primer día de seguimiento periodístico, en algunos periódicos autóctonos, incluso se rompió el silencio que habitualmente rodea a El Corte Inglés (principal empresa anunciadora en la prensa escrita de nuestro país). Se hizo tristemente evidente que las muertes de trabajadoras asiáticas deben producirse a cientos o miles para despertar el interés de los medios de masas durante un corto periodo de tiempo.

Los miles de personas afectadas y la presencia de las organizaciones de defensa de los derechos laborales en los medios europeos y estadounidenses desencadenaron la reacción de las firmas de moda internacionales. Una reacción que ha evolucionado en paralelo al interés de los mass media por el tema. Grandes declaraciones de intenciones la primera semana y un vergonzoso estancamiento de los compromisos después. A los pocos días del desastre, el ministerio de trabajo de Bangladesh, la patronal del país, los sindicatos globales, la Campaña Ropa Limpia internacional y algunas de las firmas que abastecían a las fábricas del Rana Plaza, firmaron el Rana Plaza Arrangement (http://www.ranaplaza-arrangement.org). Este acuerdo constituía el punto de partida para el Fondo de Compensación y estableció la metodología de identificación de necesidades y de personas y organizaciones implicadas en la asistencia a las víctimas.

Un año después, los sindicatos globales IndustriALL y UNI, y la Campaña Ropa Limpia internacional denuncian la falta de implicación de las marcas internacionales en el fondo de compensación para las víctimas (Donor Trust Fund; el único mecanismo de compensación reconocido por la OIT). El Fondo necesitaría 40 millones de dólares para pagar a las familias de las 1.138 víctimas mortales ya las más de 2.000 personas supervivientes sus idemnizaciones y la atención médica requerida como consecuencia del desastre. La mayoría de las familias afectadas, junto con sus seres queridos, perdieron su única fuente de ingresos. Por el contrario, las 29 empresas internacionales para las que trabajaban los talleres siniestrado acumularon el año pasado más de 22 miles de millones de dólares. Con un 0,2 % de sus beneficios netos podrían completar el fondo de compensación. No obstante, las aportaciones realizadas (entre 500.000 y 1 millón de dólares por empresa) no han permitido llegar ni a la mitad de lo que se requiere. Primark es la única firma que ha superado el millón de dólares. Ha dado 1 millón de dólares al fondo y ha realizado pagos directamente a trabajadores de la empresa New Wave Bottoms. A estas alturas, 4 empresas han llegado al aniversario de la catástrofe ignorando totalmente el proceso: Benetton , Matalana , Adler Modemarkte , Auchan .

La catástrofe fue suficientemente importante para poner en la agenda mediática y política la necesidad de mejorar las condiciones de las instalaciones industriales de Bangladesh . En consecuencia , las presiones internacionales provocaron la firma de un acuerdo para mejorar la seguridad de las instalaciones industriales en Bangladesh, el Accord on Fire and Building Safety in Bangladesh (www.bangladeshaccord.org). A pesar de que las empresas occidentales hicieron pública su adhesión al acuerdo pronto, la situación en los centros de producción no ha cambiado en absoluto durante el último año.

Los mecanismos de Responsabilidad Social de las empresas no sirvieron para evitar el desastre, no han servido para que se pagaran indemnizaciones, y no sirven para corregir la situación de las personas trabajadoras. Su función ha sido reducir el impacto del caso Rana Plaza sobre la reputación corporativa y capear el temporal hasta que los mass media se han olvidado de los miles de familias afectadas.

Ni las firmas internacionales, ni el gobierno bengalí, ni la patronal, mejorarán las condiciones de vida de las trabajadoras y los trabajadores. Sólo su lucha, constantemente silenciada por los medios, puede cambiar la situación. Una lucha que ha sido constante desde principios de la década pasada y que se intensificó a partir del 24 de abril de 2013. Una lucha que ha provocado muertes como Aminul Islam, activista asesinado en abril de 2012, o como los manifestantes abatidos a tiros por la policía durante las movilizaciones del verano de 2013. En Bangladesh ya no es justo hablar de accidentes . Se debe hablar abiertamente de homicidios por imprudencia , de asesinatos por codicia y de fomento de la explotación y de la esclavitud.

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Bangladesh en el Wall Street Journal: del mito de los trabajadores incansables a la cultura de la huelga

por Albert Sales i Campos // RETS

Es habitual que políticos y opinólogos se llenen la boca con afirmaciones que tienen su origen en cabeceras periodísticas a las que se cita como fuentes de verdad absoluta. Periódicos como Wall Street Journal son presentados ante la ciudadanía como medios neutrales, independientes y sin ideología de obligada lectura para la gente culta, leída y viajada, legitimada para hablar de cualquier tema con espeluznante seguridad.

bd demonstrationEl cinco de agosto, el periódico neoyorquino publicaba un artículo con el titular “La cultura de la huelga golpea la economía de Bangladesh”. En él se argumentaba que las sucesivas protestas y paros industriales que han tenido lugar en este país desde el desastre del edificio Rana Plaza, que el 24 de abril mató a más de 1.100 obreros y obreras de la confección, están deteriorando la competitividad del país y ahuyentando inversores y pedidos de las firmas internacionales. Con una supuesta asepsia científica se afirma que la negativa de los trabajadores y de las trabajadoras a volver a una relaciones laborales normalizadas no puede llevar más que al empobrecimiento del país en un año en el que deber recuperar su buena reputación maltrecha tras la masacre de abril y el impacto sobre la imagen de las firmas que se abastecen en Bangladesh.

Durante décadas, se ha alimentado el mito de los incansables y sumisos trabajadores asiáticos. Parecía que los obreros y las obreras asiáticas aceptaran sin rechistar las más duras condiciones laborales y se exhortaba a los acomodados europeos a ser más competitivos y a tomar ejemplo. Siempre ocultando las luchas que en países como Bangladesh, China, Indonesia, Malasia o India, se traducían en largas huelgas, movilizaciones en las calles, y durísima represión. Cuando las condiciones de inseguridad e insalubridad de las fábricas bengalíes dificultan que las luchas sigan escondidas en el silencio mediático, los medios globales de difusión ideológica se apresuran a reconocer que las huelgas existen y exhortar a los manifestantes a asumir su responsabilidad con la marcha del país.

La “cultura de huelga” afecta a la marcha de la economía, seguro. Pero llevar a las obreras y a los obreros al límite de la supervivencia con salarios que apenas permiten cubrir la alimentación y un precario techo, realizando jornadas de más de 70 horas semanales y obligándoles a elegir entre miseria y explotación combinada con miseria, tampoco parece que sea lo mejor para los bengalíes.

Para los voceros del neoliberalismo, la única lógica que existe es la de la economía neoliberal. Pero nuestra capacidad de comprender los hechos sociales es mucho más plural. Su lógica es la de la subordinación del conocimiento social a unos modelos teóricos que poco tiene que ver con la marcha real de las sociedades. Muy lejos de ser ciencia, su lógica es pura ideología. Una ideología que lleva hunde en la miseria a grandes mayorías sociales de todo el mundo para favorecer a una élites que, pase lo que pase, nadan en una obscena abundancia.

Nuestros tertulianos y opinólogos de cabecera seguirán mencionando el Wall Street Journal como fuente de su todología y seguiran permitiéndose el lujo de generar opinión a partir de una visión patéticamente parcial de la realidad en lugar de dejar atrás el provincianismo que supone dar total credibilidad a cualquier medio que publique en la lengua del imperio y que se distribuya en los aeropuertos de todo el mundo para adoctrinar a las clases medias globales.

«Se ha optado por un modelo que genera esclavitudes, tanto aquí como en Bangladesh»

Entrevista para Naiz.info

“En Bangladesh se pagan salarios que condenan a la persona a la miseria a pesar de trabajar entre 10 y 12 horas diarias durante seis días a la semana”

“Han tenido que morir mil y pico personas para que grandes medios del Estado español se atrevan a criticar al Corte Inglés abiertamente”

Enlace a la entrevista (texto) 

Enlace a la entrevista (vídeo)

Made in Bangla Desh: Un desastre anunciat però molt lucratiu

Per Albert Sales i Campos // Campanya Roba Neta // RETS

Publicat originalment al Setmanari La Directa número 348 del 22 de maig de 2013 // Col·labora amb la campanya de micromecenatge

L’esfondrament de l’edifici “Rana Plaza” de Bangla Desh el passat 24 d’abril va agafar desprevingudes a les firmes internacionals de moda que tenen producció en aquest país asiàtic. No perquè desconeguin l’estat lamentable de les instal·lacions en les que es confecciona la seva roba ni perquè no sàpiguin res de les condicions laborals que viuen les obreres i els obrers de les seves cadenes de subministrament global. La sorpresa ha estat el vólum del desastre i l’interès que ha generat. Les més de 1000 morts i les 2700 persones ferides, situen aquesta catàstrofe entre els “accidents” industrials més importants de la història.

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No és el primer cop que s’ensorra una fàbrica sobre les persones treballadores a Bangla Desh. La catàstrofe del “Rana Plaza” ve precedida d’un constant degoteig de morts en incendis i esfondraments. L’abril de 2005, la fàbrica Spectrum de Dhaka es va enfonsar matant a 64 persones i deixant-ne greument ferides a 70. El propietari havia decidit uns anys abans construir un pis adicional a l’edifici de 4 plantes, el dia de la desgràcia les treballadores van alertar de les esquerdes però ningú les va escoltar. La construcció es va enfonsar a una hora en la que oficialment tothom havia acabat la seva jornada però les cadenes globals de producció no entenen d’horaris. A Spectrum es produïa roba per Inditex, Carrefour, Invest, KardstadtQuelle, New Yorker, Cotton Group, Scapino, entre d’altres. Al 2006, a Chittagong un incendi va matar 50 persones treballadores i en va ferir 100 més. També al 2006 van morir 19 persones a l’esfondrament del Phoenix Building a Dhaka. Al febrer de 2010, una fàbrica proveïdora d’H&M, Garib & Garib va ser la trampa mortal de 21 persones. També es van trobar evidències de producció per El Corte Inglés, però l’empresa espanyola va assegurar que es tractava d’una comanda de mostra. Al desembre de 2010, van morir 29 persones a l’accident de That’s It Sportwear, una fábrica que treballava per firmes nordamericanes com The Gap, VF Corporation, JC Penney, Philips Van Heusen (propietaria de Tommy Hilfiger), Abercrombie & Fitch. El setembre de 2012 s’incendiava Ali Enterprises al Paquistàn i van morir prop de 300 persones cremades. Al novembre de 2012, a l’incendi de la fàbrica Tazreen, també a Paquistàn, van morir 112 persones que cosien roba per C&A, KIK i Walmart entre d’altres firmes. Continue reading “Made in Bangla Desh: Un desastre anunciat però molt lucratiu”

Responsabilitat social empresarial: signar acords 1.127 morts després?

Per Albert Sales i Campos // Campanya Roba Neta // RETS

Publicat originalment al Setmanari La Directa número 348 del 22 de maig de 2013 // Col·labora amb la campanya de micromecenatge

La responsabilidad social és signar un acord després de 1.100 víctimes mortals i 1 mil·lió de signatures i amb mig mi·lió de persones protestant als carrers de Daka? Quan gairebé es compleixen tres setmanes de la catàstrofe, Inditex, H&M i altres firmes internacionals han començat a signar el Programa per a la millora de la seguretat de les fàbriques a Bangladesh (Accord on Fire and Building Safety in Bangladesh). Es tracta d’un avenç per als treballadors i les treballadores d’aquest país asiàtic i per als moviments que lluiten contra el poder de les empreses transnacionals malgrat que també constitueixi una acció de pragmatisme empresarial i de cinisme per part d’aquestes firmes.

Associated Press / Reporters
Associated Press / Reporters

Ha fet falta un desastre de grans dimensions amb més d’un miler de morts i gairebé 3000 persones ferides per desbloquejar una proposta que portava cinc anys damunt la taula de les firmes internacionals. També ha calgut la mobilització de més d’un quart de milió d’obrers i obreres que porten encadenant vagues i protestes des del 24 d’abril així com la recollida de més d’un milió de signatures electròniques a l’acció llançada per la Campanya Roba Neta internacional. Amb aquest context, el pas donat per les empreses signants no es pot emmarcar dins la voluntarietat de la “responsabilitat social empresarial” sinó una reacció necessària davant l’erosió de la reputació corporativa que ha suposat l’esfondrament del “Rana Plaza”.

De la mateixa manera que la tragèdia ha permès que els treballadors i treballadores i els moviments internacionals contextualitzessin la situació concreta explicant el drama de l’explotació en la indústria global de la moda, la signatura d’aquest acord ens ha de facilitar donar a conèixer l’arrel del problema: la protecció de que gaudeixen les firmes transnacionals amb cadenes de producció globalitzades a causa de la falta de jurísdicció sobre la seva activitat de cap poder polític. Els obrers i les obreres de Bangla Desh no poden demanar responsabilitats a C&A o a El Corte Inglés del que va passar al “Rana Plaza” perquè, senzillament, les empreses responsables són les fàbriques locals. L’acord signat corresponsabilitza, per primera vegada, a les empreses transnacionals amb el destí de les seves treballadores i treballadors en matèria de seguretat, i fixa un precedent que es pot estendre a altres països i altres matèries.

El risc de manipulació d’aquest acord és evident. Inditex i H&M no han estat les primeres per casualitat. Es tracta de dues empreses que cuiden molt els aspectes de reputació corporativa perquè han estat implicades en molts escàndols relacionats amb l’explotació laboral. Cap de les dues ha estat vinculada amb la tragèdia del 24 d’abril i, després de molts intents de presentar-se davant les persones consumidores com a “firmes responsables o conscients”, ara han vist una bona oportunitat de esdevenir les pioneres en la signatura d’un acord que es feia imprescindible a la vista de l’opinió pública internacional. Però si no hi havia producció per aquestes dues marques a les fàbriques del “Rana Plaza” és per casualitat perquè res no diferencia la seva manera de fer de la de El Corte Inglés o C&A. També és fàcil que el tema de la seguretat eclipsi la resta de problemes que viuen els treballadors i les treballadores de Bangla Desh i per això cal seguir amb la lluita quotidiana i mantenir la finestra a la indústria de la confecció global que ha obert aquesta tragèdia.

font: www.indianexpress.com
font: http://www.indianexpress.com

La reacció del govern de Bangla Desh, que ha creat un grup de treball per estudiar l’increment del salari mínim legal, també s’emmarca dins els èxits del moviment obrer del país i del suport internacional rebut. La por a que el “made in Bangla Desh” es converteixi en un estigma per als productes que surten d’aquest país ha provocat reaccions. De ben segur, les reformes no seran les que desitjaríem però s’obren espais per a la lluita dels obrers i les obreres bengalís i es dificulta, cada cop més, la repressió salvatge que han viscut els darrers anys.

Firmes internacionals en retirada de Bangla Desh? Ni parlar-ne!

Grans firmes internacionals com Walt Disney, The Gap o Benetton han anunciat que “s’estan replantejant el seu rol a Bangla Desh”. el seu treball a Bangla Desh”. Això no significa que estiguin disposades a posar mesures per evitar tragèdies com la del Rana Plaza o a lluitar activament contra l’explotació laboral. Només vol dir que potser marxen del país.

La catástrofe del Rana Plaza ha convertit la etiqueta “made in Bangladesh” en mala publicitat i les marques, valorant aquest impacte, fan els seus càlculs. Després de més d’una dècada explotant a les obreres i destruïnt el teixit social i les capacitats organitzatives, la plaga de depredadors detecta que els costos en mala imatge poden fer reduïr els seus beneficis i opten per destruir llocs de treball enlloc de millorar-los.

Ho fan, a més, algunes de les firmes antítesi de la transparència, com Walt Disney o Benetton, que ja sortien malparades al gran clàssic del 1998 El libro negro de las marcas i que mai no han deixat d’aparèixer en els informes de denuncia d’organitzacions asiàtiques, europees i nordamericanes. Si els preocupa Bangla Desh, com ja han afirmat als mitjans, que exigeixin seguretat i salaris dignes.

Més info al New York Times:

http://www.nytimes.com/2013/05/02/business/some-retailers-rethink-their-role-in-bangladesh.html?hp&_r=1&

Munir Uz Zaman/Agence France-Presse — Getty Images //
Bangladeshis buried the dead Wednesday in Dhaka. The collapse of a clothing manufacturing center killed more than 400 people.

1 de mayo en Bangladesh: que parezca un accidente

(Versió en català aquí)

De no haber muerto cerca de 400 personas, el señor David Mayor sería considerado un valiente emprendedor dispuesto a generar puestos de trabajo en un lugar tan exótico como Bangladesh. De no ser por la catástrofe del pasado jueves, el día a día de las obreras que pasan entre 10 y 12 horas diarias, 6 días a la semana, cerradas ante una máquina de coser no sería noticia. Parece que cada país, cada realidad, tiene un umbral de muertes a partir de los cuales puede ser noticia en nuestros medios de comunicación.

Las empresas internacionales que se han visto involucradas con el derrumbamiento del edificio “Rana Plaza”, ya sea porque se han encontrado etiquetas sus entre los escombros, como es el caso de El Corte Inglés, Benetton o Mango, ya sea porque figuraban como clientes a la página web de alguna de las fábricas siniestradas, como Wal-Mart, Carrefour o C&A, se apresta a poner en marcha sus mecanismos de Responsabilidad Social. Primero por convencernos de que no eran los principales clientes y que su relación con las fábricas derrumbadas era anecdótica, después para transmitir a los consumidores ya las consumidoras que se trata de un desgraciado accidente y que ellos hacen todo lo posible para que su cadena de suministro en Bangladesh, China, India, Indonesia o Pakistán, sea segura y esté limpia de explotación laboral. Finalmente, no se cansa de repetir que, a pesar de no ser clientes importantes de la fábrica donde se produjo la desgracia acceden voluntariamente a participar del fondo de compensación a las víctimas. Continue reading “1 de mayo en Bangladesh: que parezca un accidente”

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