Comunicación en el simposio sobre Criminalización de la pobreza y de la exclusión social en el I Congreso Seguridad y Ciudadania.

Abstract de la comunicación: Entre el rechazo y la compasión: Las personas sin techo como objeto de intervención social

Albert Sales Campos (Institut d’Estudis Regionals i Metropolitans de Barcelona)

El crecimiento del sinhogarismo tiene causas estructurales tan poderosas como la evolución de los precios de la vivienda, la extensión de la precariedad laboral, la erosión de los mecanismos de protección social y los riesgos de exclusión asociados a los procesos migratorios. Sin embargo, las políticas que llevan a cabo las administraciones públicas para hacer frente al incremento de la presencia de personas sin techo en las ciudades se centran en gestionar el conflicto por los usos del espacio público, en cubrir sus necesidades de alimentación, higiene y alojamiento temporal, y en una atención social que tiene como finalidad última la integración en un mercado laboral extremadamente precario y la obtención de una solución habitacional que dista mucho de ser una vivienda.

La gestión de la miseria que dibujan estas políticas es alimentada por estereotipos que asocian a las personas que viven en la calle con suciedad, peligrosidad y comportamientos desviados.La construcción de un “otro” con necesidades diferentes a las de la mayoría de vecinos y vecinas de las ciudades, conlleva que la situación de las personas sin hogar se atribuya a problemas individuales como las adicciones, los problemas de salud mental, o estilos de vida y comportamientos alternativos a los mayoritarios que dificultan la participación en el mercado de trabajo o el mantenimiento de vínculos sociales.

Lejos de romper con esta alteridad, los mensajes que lanzan las entidades sociales que atienden a las personas sin techo y sin hogar suelen reproducirla al verse obligadas a ofrecer soluciones fáciles para llamar la atención de donantes institucionales o individuales que financien sus actividades.

Sea desde el rechazo o desde la compasión lo que vecinos y vecinas exigen a las administraciones locales son soluciones rápidas para “sacar” a las personas sin techo de la calle. Las intervenciones resultantes responden a un modelo de gobernabilidad de la pobreza que se bascula entre el disciplinamiento social y la criminalización, y el emergencialismo y la filantropía. Queda así escaso espacio para plantear el sinhogarismo como un problema de acceso a la vivienda y de vulneración de derechos