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Albert Sales

Malas Compañías: las empresas transnacionales contra los derechos humanos y el medio ambiente

[Prólogo al libro Malas Compañías, del Colectivo RETS]

En su análisis de las transformaciones de las sociedades europeas durante los siglos XVIII y XIX, Max Webber concluye que el capitalismo nació con la separación entre hogar y actividad económica. En tiempos pre-capitalistas, el hogar comprende tanto las paredes entre las que se desarrolla la vida familiar como el taller o la granja adyacentes en los que los miembros de la familia realizan labores necesarias para la supervivencia. Al mismo tiempo, el hogar se relaciona con otras instituciones sociales, como el vecindario, la parroquia o el gremio, a través de un conjunto de normas, usos y costumbres sociales. En este complejo entramado de relaciones, las familias encontraban las normas que definían la práctica totalidad de las actividades necesarias para la reproducción y supervivencia de la sociedad.

malas_companiasCuando la “actividad económica” rompe sus lazos con el hogar se produce una separación que la libera de ataduras morales y éticas vinculadas a las relaciones familiares. La “conquista” de esta nueva libertad permite a las élites que dominan la actividad mercantil generar un nuevo sistema de normas y reglas articulado alrededor del cálculo racional de pérdidas y beneficios, dejando al margen de consideración los efectos que esta actividad pudiera causar en las personas y en las comunidades. La separación de la actividad económica y el hogar junto con la clara distinción entre propietarios de los medios de producción y clase proletaria identificada por Marx, definen el despegue del capitalismo (Bauman, 2008) que abre un primer período de existencia caracterizado por la explotación sin límites de trabajadores y trabajadoras, que desarrollan sus extensas jornadas laborales en fábricas insalubres viviendo situaciones de miseria extrema.

Las conquistas del movimiento obrero en todas sus facetas y tradiciones, convierten la segunda mitad del siglo XIX en una época de restricciones. El reconocimiento de la legitimidad de la lucha y de la articulación política de los obreros y las obreras a través de los sindicatos abre un proceso de regulación y de limitación de la actividad empresarial que se plasma en legislaciones de los Estados nacionales y que alcanza su máxima expresión en las potencias capitalistas con el consenso posterior a la Segunda Guerra Mundial en el que los Estados del Bienestar extienden los derechos políticos y generan nuevos derechos sociales para gran parte de la ciudadanía.

En nuestros días, la globalización y la transnacionalización de la actividad empresarial han permitido al capital liberarse de las restricciones impuestas por los Estados nacionales. En palabras de Zygmunt Bauman (2002) presenciamos la “Gran Secesión, segunda parte”, en la que los nuevos actores que materializan el poder del capital, las Empresas Transnacionales (ETN), están configurando a su antojo un entramado de normas y de relaciones nuevo, librándose de ataduras éticas y morales vinculadas a un territorio concreto y aprovechando de nuevo el territorio de nadie donde la brújula para orientar las decisiones es el cálculo racional de los beneficios.

Lejos de pensar que se trata de un paso más en el devenir de la historia, la globalización y la conquista del espacio supranacional por parte de las ETN se debe a decisiones políticas y a la imposición ideológica del proyecto neoliberal por parte de las mismas élites que se benefician de forma ilimitada de la libertad de movimientos y de la asepsia moral y ética de las relaciones empresariales globales. Como se explica en el capítulo 2, la doctrina neoliberal se gesta durante la segunda postguerra mundial y empieza su expansión triunfal en los 70 con experimentos aplicados por la fuerza sobre poblaciones sometidas por las armas en Chile e Indonesia. Son decisiones políticas las que ponen en manos del capital empresas e infraestructuras creadas gracias al esfuerzo del sector público y de las aportaciones de los pueblos; son decisiones políticas las que abren el espacio financiero a la especulación; y son decisiones políticas las que destruyen la capacidad de limitar los movimientos de mercancías y capitales, sometiendo a la clase trabajadora a una competición internacional en la que “gana” el mercado laboral en el que la capacidad de negociación de trabajadores y trabajadoras se ve más mermada.

Como se expone en el capítulo 3, la actual crisis (que a estas alturas ya debe ser considerada una depresión en toda regla), ha constituido la “Tormenta perfecta” para acelerar el proceso de implementación de las recetas políticas neoliberales.

La globalización neoliberal pone en manos de las élites financieras y empresariales multitud de mecanismos de dominación y de ejercicio del poder de los que se escribe en el capitulo 4. En el panorama transnacional, las ETN han logrado que sus derechos estén sujetos a sistemas de control internacional en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) mientras que el control en el cumplimiento de sus obligaciones recae sobre unos Estados nacionales cada vez más débiles y controlados por unas élites locales que obtienen ingentes beneficios gracias a su relación privilegiada con el capital internacional.

La huida del capital de las restricciones y ataduras derivadas de la vinculación a un territorio permite que se repita la historia de la primera secesión antes mencionada. Esta vez, las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y de los derechos laborales se producen con especial intensidad en las zonas donde la pobreza causada por el imperialismo colonial genera situaciones de alta vulnerabilidad y desprotección física y política de los pueblos. El texto que sigue incorpora en toda la argumentación ejemplos claros y rigurosamente documentados de estas violaciones que, en contra del discurso oficial del mundo empresarial, no son desgraciadas anécdotas sino la norma en la relación entre las ETN y su entorno natural y social.

El reto de los movimientos sociales y de los pueblos es generar resistencias que superen el ámbito local y las restricciones impuestas por los propios Estados, que en el terreno del control y la desarticulación de la acción colectiva muestran una eficiencia inaudita cuando de fiscalización de las ETN se trata. Pero la confrontación con el capital y sus estructuras no puede ser la única estrategia de resistencia. La creación de iniciativas productivas y relacionales que escapen a la lógica del cálculo racional de pérdidas y beneficios y que pongan a las personas en el centro de la actividad económica es imprescindible para cualquier proyecto desmercantilizador y emancipador de los seres humanos. Por eso cerramos el libro con una reflexión acerca de luchas y resistencias y con una invitación a construir desde la Economía Social y Solidaria y desde el reconocimiento a todas las formas de trabajo y actividad humana marginadas y explotadas por la economía liberal.

Albert Sales, Barcelona 19 de septiembre de 2013

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This entry was posted on gener 30, 2014 by in (i)RSC, Empreses transnacionals and tagged , , .
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