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Albert Sales

¿Clases de nutrición o políticas sociales?

[versió en català aquí]

El famoso cocinero británico Jamie Olivier fue efusivamente elogiado hace unos años por su campaña para hacer más saludables los menús escolares de su país , pero también encendió los ánimos de parte de la ciudadanía por explicitar, en su programa del Canal 4, su desaprobación hacia los hábitos alimentarios de las clases bajas o, como él mismo se atrevió a verbalizar, de la ” white trash ” (basura blanca). El programa de Oliver sobre comidas escolares se grabó sistemáticamente en las zonas más deprimidas del país donde , resultado de las reconversiones industriales de los 80 y los 90 , las tasas de pobreza son extremadamente altas. El chef no tuvo ningún problema para reproducir los estereotipos que la audiencia esperaba escuchar sobre familias disfuncionales, donde padres, pero sobre todo madres, no son capaces de alimentar correctamente a sus hijos e hijas. Algunas bromas sobre las habilidades paternales y maternales de las personas de los barrios de viviendas sociales generaron controversia pero, en general, el progragrama gozó de buena aceptación.

cuinetes_343En los últimos meses, los Sr. Oliver ha vuelto a generar cierta polémica en los actos de promoción de su nuevo programa “Ahorra con Jamie”. El programa tiene la intención de mostrar a las familias con problemas económicos como comer mejor gastando menos dinero. El cocinero recomienda a los televidentes no malgastar dinero en alimentos precocinados y envasados ​​para comer frente al televisor y les recuerda cuáles son las saludables viandas que pueden comprar con las libras que se ahorrarían.

Aunque la relación entre obesidad , nutrición deficiente y pobreza, es una realidad en buena parte del mundo occidental, la atribución de responsabilidades a las malas madres es una injusta simplificación de la realidad . Las opciones alimentarias son mucho más complejas de lo que un cocinero famoso con una cuenta bancaria bien nutrida puede entender . Y leyendo las declaraciones señor Boi Ruiz de esta misma semana, también son demasiado complejas para el máximo responsable del sistema sanitario catalán. El Conseller Ruiz, en sus repetidos esfuerzos para negar los resultados del informe del Síndic de Greuges (el Defensor del Pueblo de Cataluña) sobre malnutrición infantil, atribuyó los déficits alimentarios infantiles a los malos hábitos, quitando importancia a los efectos que puedan haber causado el empobrecimiento de la población y los recortes de políticas sociales en la capacidad de las familias de mantener una dieta equilibrada y completa.

La versión oficial de la realidad social es muy clara: la crisis es dura pero no tanto como para dificultar la alimentación de las familias. Al igual que el chef Oliver , Boi Ruiz considera que todo el mundo puede pagar sacos de arroz y de legumbres , manojos de acelgas , fruta y algo de pollo para alimentar a la familia. Por tanto, quien no alimenta correctamente a sus hijos es porque no quiere o porque no sabe. Se trata de una sentencia bastante fácil de emitir desde la comodidad de quien nunca ha tenido que sufrir para no perder la vivienda por impago, de quien goza de un salario con el que vivirían holgadamente unas cuantas familias y de quien observa la realidad social sin bajarse del coche oficial.

Con independencia de las conclusiones del debate abierto entre el gobierno de la Generalitat y el Síndic de Greuges y otros actores sociales sobre si hay o no desnutrición infantil, sí podemos concluir , a la luz de la Encuesta de Condiciones de Vida , de la informe INSOCAT , de los datos facilitados por Cáritas y Cruz Roja y de una infinidad de fuentes más , que una parte de la población catalana cada vez más numerosa vive una situación de inseguridad alimentaria que no sólo está condicionada por disponer de dinero para comprar alimentos sanos y baratos . Hay muchos factores que distorsionan la capacidad de las familias para gestionar correctamente la alimentación de los niños y niñas.

Un primer ejemplo. Los alimentos frescos se deben conservar en frío. Especialmente si hacemos compras por varios días o por toda una semana. En un hogar sobreocupado, con varias familias viviendo bajo el mismo techo, la posibilidad de acceder al frigorífico y en la cocina puede estar limitada. Las familias que han tenido problemas para hacer frente al alquiler de su piso o que han sido desahuciadas y viven en pensiones o habitaciones realquiladas tampoco disponen de la infraestructura necesaria alimentar a sus niños como seguramente desearían.

Segundo ejemplo. Del alumnado que ha perdido la beca comedor o que está viendo como el retraso en el pago hace que tengan que avanzar a sus centros educativos un dinero que no tienen, hay un puñado que dejarán de comer en el centro escolar para hacerlo en casa sin ninguna supervisión mientras su madre o el adulto de referencia está trabajando o buscándose la vida. El comedor escolar era para estos niños un espacio de socialización y de adquisición de buenos hábitos alimentarios del que ahora ya no disponen.

Y aún un tercer ejemplo. La mala salud es un impedimento para mantener una dieta saludable. Y no hay que pensar en problemas digestivos. Los trastornos mentales como la depresión y la ansiedad dificultan que las personas puedan mantener una hábitos alimentarios y que puedan hacerse cargo de los hábitos alimenticios de las personas que tienen bajo su responsabilidad. Trastornos nada extraños entre personas que llevan meses buscando un puesto de trabajo sin encontrarlo y que ven como no pueden hacer frente al pago de la vivienda o de los suministros más básicos. Es probable que un Consejero de la Generalidad o un prestigioso chef les cueste imaginar que alguien pueda caer en un estado de ánimo en el que prefiera malgastar dinero en comida precocinada que ponerse a cocinar saludables y económicas cenas y almuerzos. Pero en el mundo real estas cosas pasan.

Las situaciones en las que la inseguridad alimentaria impacta sobre las familias son muy diversas. Y en muchos casos el problema principal sí es económico y sí que nace con la retirada de programas sociales o los recortes de programas como el PIRMI o las becas comedor. Sin embargo, la infantilización de las personas en situación de pobreza abre todo un mundo de posibilidades para controlar y fiscalizar su comportamiento. Es una manera más de reiterar que la vulnerabilidad social extrema no tiene tanto que ver con factores estructurales como con los déficits individuales de formación y con la capacidad de las familias para gestionar la propia vida. Cuestionar la responsabilidad de los padres y , sobre todo de las madres, es muy útil también para trasladarles la culpa de los problemas que afectan a los niños y niñas de los hogares más empobrecidos económicamente. Sólo hay que apelar a la imagen de la familia ” disfuncional ” o ” desestructurada ” en la que las necesidades de niños y niñas quedan desatendidas para limpiar algunas conciencias y transmitir el mensaje de que con la gente de determinados barrios y de orígenes sociales muy humildes no hay nada que hacer.

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  1. Retroenllaç: ¿Luchar contra la pobreza o luchar contra “los pobres”? | + arguments?

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This entry was posted on Setembre 6, 2013 by in Sense categoria.
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