+ arguments?

Albert Sales

La España demócrata juzga a Chávez

Vaya por delante que no soy ningún forofo de Hugo Chávez como tampoco lo soy del tipo de liderazgo carismático que el recientemente fallecido presidente de Venezuela ha protagonizado durante 20 años. Tampoco soy ningún experto analista de la política venezolana y a duras penas puedo aportar un análisis medianamente informado de la realidad latinoamericana. Por estas razones me he resistido a escribir sobre el tratamiento mediático de la muerte de Chávez hasta hoy. No obstante, todo tiene un límite.

hugo chavezEn mi única visita a Caracas conocí mayoritariamente a personas de barrios humildes que idolatraban al comandante Chávez a la vez que gozaban de los evidentes efectos positivos de las misiones gubernamentales de atención médica, alfabetización y comercialización de productos agroalimentarios. No perdí la oportunidad de charlar con personas críticas con Chávez y el chavismo ni de ver las cadenas de televisión que criticaban abiertamente al “régimen” en una campaña electoral sin fin. Los argumentos de la oposición venezolana que pude escuchar entonces son los que hemos podido oír amplificados en los medios de comunicación españoles a la muerte del líder bolivariano.

Sin entrar en el análisis pormernorizado de la gestión chavista no puedo evitar plantear algunas cuestiones que en los últimos días han sido deliberadamente olvidadas por los medios de comunicación hegemónicos. En primer lugar, ¿que análisis politológico permite referirse al gobierno de Chàvez como una dictadura? Es bien sabido que la democrácia liberal tiene sus limitaciones y que existen matices que dificultan una contraposición entre democracia y dictadura. Sin entrar en los resultados de las contiendas electorales que parecen más que contundentes, me resulta difícil concebir dictaduras en las que se permita a los medios llevar a cabo una campaña de descrédito contra el gobierno de más de 20 años.

En segundo lugar, me genera una enorme curiosidad el uso del concepto populismo. En los últimos días, los analístas de la actualidad han utilizado el apelativo populista con gran frecuencia y, según mi opinión, con no poca ligereza. He creído entender que, al verse obligados a asumir que el gobierno de Venezuela ha conseguido una importante reducción de la pobreza, unas tasas de alfabetización espectaculares y la extensión de los servicios médicos a las capas más desfavorecidas de la población, los eminentes todólogos han centrado su crítica en la insostenibilidad de un sistema que se basa en repartir los beneficios de los petrodólares entre la población, argumentando que dichos petrodólares deberían haber sido dedicados a la construcción de una economía competitiva.

Si el populismo se contrapone a otras formas de gobernar en las que los petrodólares sirven para enriquecer a las élites mientras las mayorías sociales son condenadas a la miseria, bienvenido sea el populismo puesto que la comparación entre las condiciones de vida y las desigualdades de la Venezuela bolivariana poco tienen que ver con las de etapas anteriores o con las de otros miembros de la OPEP que no reciben crítica alguna de los medios y de la casta política española y que mantienen una armoniosa relación diplomática con la Casa Real o con prestigiosos clubes deportivos.

Si la preocupación por Venezuela radica en la insostenibilidad del modelo, quizá alguien debería revisar sus tablas de medir. Si construir relaciones sociales y económicas sobre la base de una burbuja con fecha de caducidad es populismo, la España de Felipe y de Aznar es, con toda probabilidad, uno de los regímenes más populistas de los últimos tiempos. Mientras en Venezuela la mejora de las condiciones de vida se construye sobre la base de los combustibles fósiles que, sin duda, se acabarán, España construyó su “bienestar” sobre la base de la especulación en ladrillo y de un keynesianismo financiero que incrementaba la capacidad adquisitiva de la ciudadanía importando l

a riqueza del futuro y aplazando los problemas sine die. Hoy, la España de “ejemplar” transición a la democracia, en la que el jefe de estado es un monarca designado por un sanguinario dictador que pasó 40 años en el poder, en la que gobierna un partido cuyo presidente ha llevado ha emprendido políticas contrarias al programa con que se presentó a las últimas elecciones, en la que la corrupción afecta a los dos partidos de gobierno que han monopolizado el poder político durante 30 años, y en la que la población sale una y otra vez a la calle para protestar por la socialización de las pérdidas de los negocios financieros, se permite juzgar al comandante Chávez.

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This entry was posted on Març 13, 2013 by in Filosofant and tagged , , , .
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