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Albert Sales

“El consumo responsable no sólo pasa por lo que compramos sino a quién se lo compramos”

Domingo, 11 de Abril de 2010. Diario de Noticias de Navarra

Pamplona. “El consumo responsable no pasa sólo por lo que compramos sino a quién se lo compramos. Es una cuestión de fases, de niveles, no hace falta convertirnos en el consumidor perfecto pero sí realizar pequeñas acciones…”. Albert Sales participó en unas jornadas organizadas por REAS Navarra para hablar del modelo de gran distribución y sus consecuencias. Miembro de Setem, ONG que trabaja en la concienciación de la sociedad sobre las desigualdades norte y sur, coordina la campaña Ropa Limpia en Barcelona y pertenece a la plataforma catalana Supermercados No Gracias. Sales subrayó los problemas que está generando el modelo económico de las grandes superficies. “Un tema clave es que ya hemos echado a la gente del campo y tenemos un 4% de personas activas en la agricultura en todo el Estado; en los países del sur también estamos reduciendo drásticamente el número de personas en este sector. Estas personas vienen a nutrir los grandes centros urbanos repartidos por todo el mundo donde se concentran lo que se llama las villas miseria”, señaló. La industria textil y de la confección se está enriqueciendo a base del trabajo “casi esclavo” de los trabajadores de estos países.

Otro factor importante es el papel de las grandes empresas de distribución. En los últimos años, la Campaña Ropa Limpia internacional, que se había centrado en la denuncia de las prácticas de explotación de las firmas de moda, ha observado como las grandes cadenas de distribución, como Walmart, Carrefour o Lidl, han tomado un papel cada vez más importante en la comercialización de ropa. Las mismas cadenas que logran que un producto agrícola multiplique por siete su valor desde el momento en que es producido. La misma gran empresa está ejerciendo “un poder de compra brutal sobre una serie de fábricas que son las que ocupan personas que han emigrado de la agricultura y que están en una situación intolerable bajo cualquier legislación internacional”.

El modelo de negocio de una gran cadena moderna se basa en cuatro puntos. Por un lado, un supermercado “no es un negocio comercial, son básicamente negocios financieros”. “Cuando pagan a los proveedores lo hacen a un plazo de noventa o cien días. Las grandes empresas pagan al campesino o a la empresa que hace el producto textil en Marruecos al cabo de 90 días aunque el consumidor lo pague al momento. ¿Qué ocurre con ese dinero que yo le acabo de prestar al hipermercado? Que pasa directamente a los mercados financieros internacionales.

Otro pilar del negocio es la diversificación, la posibilidad de hacer dumping en determinados productos mientras uno se lucra con otros. Cualquier estudio de consumidores demuestra que no es más barato que los supermercados de barrio. “Lo sería yendo de supermercado en supermercado comprando la oferta que tiene cada uno, pero no lo hace nadie porque se busca una compra rápida…”.

Por otro lado, cuando sus productos resultan más baratos es porque trabajan en economía de escala. Este gran poder de compra permite una “presión voraz” a las fábricas productoras y fábricas agrarias..

La Campaña Ropa Limpia internacional (Clean Clothes Campaign) ha impulsado la campaña Better Bargain contra los abusos laborales en la cadena de suministros de las grandes empresas de distribución. Por otro lado, se ha hecho un estudio en colaboración con organizaciones de países asiáticos en 31 fábricas proveedoras de los cinco actores de la distribución comercial de ropa textil y en cadenas de descuentos. En 2005 entre las cinco grandes cadenas ya controlaban el 6% de la ropa que comprábamos en Europa. Si a ellos sumamos el resto de supermercados, este “monopolio de los grandes supermercados en el tema de la alimentación se va a traducir en poco tiempo y más en crisis en un elemento a tener en cuenta en sectores de manufacturación”. Por otro lado, todas las empresas han firmado códigos de conductas laborales pero no son suficientes. “Los proveedores se comprometen a cumplir unos mínimos y se contrata a empresas auditorias. Se supone que las auditorías garantizan la ausencia de explotación laboral pero nuestras investigaciones concluyen todo lo contrario.”, indica. La realidad es que una trabajadora de Bangladesh cobra 30 euros mensuales. En dos de estas fábricas la jornada comenzaba a las ocho de la mañana y acababa entre las siete y las diez de la noche. Para alcanzar los 34 euros mensuales se ven obligadas a hacer horas extras. Una familia en la India de cuatro miembros necesita solo para comer 45 euros. Recuerda que en este momento si un país incumple los tratados de libre comercio firmados en el seno de la OMC (Organización Mundial del Comercio) puede ser sancionado, pero que nadie puede sancionar el incumplimiento de los convenios de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) cosa que los convierte en derecho blando.

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